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GANAR SUFRIENDO; COSAS DE LA PREMIER

Puño en alto. Efusivo. Y a la vez liberador. Pep Guardiola embocó el túnel de vestuarios del Etihad Stadium por vez primera como técnico del Manchester City. La celebración no era otra que sus tres primeros puntos dirigiendo al conjunto Sky, tras imponerse por la mínima (2-1) al equipo de David Moyes. Como era de esperar, Guardiola quiso aprovechar su estreno local como carta de presentación. Aunque ésta fue solo un esbozo. Un esquema a mano alzada de lo que, una vez recuperadas y engrasadas todas las piezas, podrá ser algún día, quizás, este nuevo Manchester City. Por el momento, la liga, para muchos la más competitiva del mundo, quiso disponer de su propio recibimiento al entrenador de Sampedor. El encargado fue el Sunderland, un presunto medio-bajo de la tabla, quien llegó a poner contras las cuerdas al todopoderosísimo proyecto blue en su propio feudo.

Los jugadores del Manchester City celebran el primer tanto del partido. Foto: www.mancity.com

En Barcelona como también en Múnich, Guardiola resolvió numerosas papeletas por más ahínco, y por qué no decirlo, por más fortuna, que aciertos del todo técnicos por parte de los suyos. Que no tácticos, pues si por algo destaca el catalán es por ser uno de los mejores estrategas en esto del fútbol. Ayer, en Manchester, el destino le tenía guardada una ensalada de los anteriores factores. Pep introdujo cambios desde el principio. Y casi todos, resultaron especialmente relevantes con lo visto durante los últimos años por el público citizen. El primero, atendió al sistema. Acostumbrados al inquebrantable 4-2-3-1 de Manuel Pellegrini, la disposición táctica del equipo correspondió con esa primera de las variaciones anteriormente mencionadas: el Manchester City dispuso en un 4-3-3. Y es aquí, donde aparecen las siguientes novedades. Una fue Caballero, en detrimento del hasta ahora habitual Joe Hart. Por otro lado, tal y como era previsible, el City se adueñó pronto -y hasta el final- de la posesión del esférico. Un dominio porcentual, que no siempre efectivo, que en ocasiones llegó a alcanzar el 75% durante la primera mitad. El ejercicio era siempre el mismo: mientras Stones y Kolarov -otra de las primicias, tras la suplencia de Otamendi y la lesión de Kompany- formaron como centrales, alzados hasta mitad de campo; mientras Clichy y Sagna corrían siempre hacía adentro, en dirección a la zona de medios; en un movimiento lo más parecido al que Lahm y Alaba desarrollaron en Múnich, ya que los laterales franceses se posicionaron como falsos interiores.

La salida, eso sí, tomó rápidamente un dueño. Y ese no fue otro que el brasileño Fernandinho. Acostumbrado a un rol más móvil, de venidas y sobre todo idas, en el Shakhtar Donetsk -hasta el momento, su mejor rendimiento individual como futbolista profesional-, ya con Pellegrini y, más ahora con Pep, su rol parece destinado a una tarea más específica, más posicional: dar los primeros pases en fase de salida. Muy abiertos, a sus espaldas, se situaban Stones y Kolarov. Por delante, también muy amplios, Clichy y Sagna. El Manchester City, entonces, rompía con ese 4-3-3, para formar en una especie de figura con cuatro puntas. Lejos, claro está, de formar en un cuadrilátero, y donde el carioca recibía el peso más importante: distribuir, y además de la forma más ágil posible. La circulación en salida era correcta. Defoe y Borini, la doble punta del Sunderland, se hartaron de perseguir sombras. Y al posicionamiento interior de los laterales, lo acompañó la dupla Silva-De Bruyne por delante. El City cocinaba todo por dentro. De manera rápida y precisa. Pero, hasta ese preciso momento. Así, de una salida en transición, con Clichy ocupando dicha demarcación y la velocidad de Sterling como extremo por derecha, el City encontró el primero. Fue de penalti, tras una tardía entrada de Van Aanholt sobre el propio futbolista inglés, que el Kun Agüero convirtió desde los once metros.

El movimiento del ex futbolista del Liverpool; recibir, encarar y desbordar -bien hacia adentro como hacia afuera-, fue lo que, a la larga, terminó por echar en falta el City durante el encuentro. En el lado contrario, bien amplio, como mejor sabe hacerlo, esperaba Nolito. Por dentro, algo más centrado, el Kun Agüero. Y esperaban, porque en ello se tradujo el ataque citizen más allá del tanto conseguido. Si antes comentábamos que, en salida, la circulación sí alcanzaba la velocidad suficiente con la que desquitar el empeño defensivo del Sunderland. Y, donde David Silva, asumió un papel capital en hacer jugar a los suyos -por dentro, y más abajo que en ocasiones anteriores-. Nolito y Sterling serían por tanto los encargados de hacer estirar al equipo. Algo que, sin la profundidad lateral de Clichy y Sagna, despojó al Manchester City de su mejor herramienta a la hora de ensanchar el bloque de Moyes. El Sunderland centró sus opciones en armarse bien en zonas interiores, cerrar pasillos, bloquear recepciones y despejar cuanto balón merodease cerca de Mannone. Lo consiguió, más allá del gol. Y, sobre todo, reforzó, con la lectura táctica de ambos entrenadores en la segunda mitad. Bien cabe mencionar que, el próximo martes, Guardiola deberá resolver su segundo encuentro -y primera bola de partido- en la previa de Champions frente al Steaua de Bucarest. Por ello, quizás, David Silva fue uno de los primeros sacrificados en abandonar el terreno. El otro fue Nolito. Y más tarde ocurriría lo mismo con Clichy. Navas, Delph e Iheanacho saltaron al campo. Con el sevillano, Guardiola quiso abrir el campo por el costado inverso por donde Nolito no lo había consiguiendo; Delph, quien parece encaminado a recoger un papel importante con Guardiola en el equipo, se adueñó del perfil izquierdo del mediocampo; mientras Iheanacho saltó como complemento ofensivo a las (desacertadas) intentonas de Agüero en el ataque. 

Alineaciones titulares. Fuente: Sharemytactics
A falta de alguna pieza vital, como seguro terminará siendo Ilkay Gündogan, las dudas con respecto a los primeros detalles de Guardiola atañen al posicionamiento de Kevin De Bruyne en el sistema. Como interior, como resulta lógico, el belga pierde presencia en banda, así como en zona de 3/4, las posiciones donde ha acostumbrado a rendir bajo su mejor nivel, gracias a su velocidad y certero disparo. Flojeó el City con el paso de los minutos. Sin profundidad ni la suficiente velocidad de posesión ni posición en el ataque, y el equipo dio involuntariamente un paso atrás en el césped. Flojearía también la defensa, compuesta por Stones y Kolarov, con Sagna y Clichy desprovistos de cerrarla por los costados, en la única acción de verdadero peligro del Sunderland durante los segundos cuarenta y cinco minutos. Poco más necesitó, pues de una combinación Defoe aprovechó para poner las tablas en el marcador, a solo 20 minutos de cerrar el encuentro. Guardiola dispuso entonces de todas sus naves sobre el terreno. El Manchester City se volcó. Aceleró gracias a la velocidad de Navas por banda. Y en esas, también recurriendo a la fortuna con la que introducíamos el texto, McNair, quien acababa de entrar como refresco, introdujo un cabezazo en su propia portería. Tiempo tuvo para debutar Januzaj, el talentoso extremo del Manchester United, que, cosas del destino, se lució con Moyes y precisamente ante el Sunderland -camiseta que hoy defiende- hará ya tres temporadas. Como tiempo es el que necesitará Guardiola para construir su proyecto. Su identidad en un bloque por ahora menos técnico que en sus dos anteriores proyectos. De momento, la Premier ya le ha brindado su tradicional recibimiento.


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