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EL INDOMABLE DIMITRI PAYET

Desde que la UEFA aprobase el nuevo formato compuesto por 24 selecciones participantes, fueron numerosos, por no decir todos, los debates que trascendieron al posible nivel que adoptaría el torneo. Ampliar la inscripción del mismo a 8 plantillas más, no solo influiría en el reparto de unas jornadas que, desde ahora y por las próximas dos semanas, contarán con tres encuentros distintos por día, sino que también beneficiaría la apertura a otras selecciones sin tantas posibilidades de participación, en el formato hasta ahora impuesto de 15 candidatas. Continuando, eso sí, con la ya extensa tradición de que sea el anfitrión quien inaugure el torneo, ayer Francia recibió a una poco habitual en estas fases del torneo, la Rumanía de Anghel Iordanescu. Y, lo cierto, es que aunque solo se hubiese disputado el primero de los 51 encuentros con lo que contará la Eurocopa desde anoche y hasta el próximo 10 de julio, el pitido final confirmó las sospechas despertadas durante el descanso: la decisión de la UEFA apunta a ser todo un acierto.

Dimitri Payet celebra el tanto de la victoria (2-1). Foto: www.dreamteamfc.com

Una Rumanía muy correosa: presión y orden defensivo

Sabedora de las dificultades francesas, que más tarde entraremos a detalar, a la hora de sacar el balón jugado desde atrás, Iordanescu formó a su equipo en un 4-4-2 perfectamente sincronizado. En el mismo que, en ataque, terminaría desencadenando en un 4-2-3-1, el doble pivote formado por Pintilii y Hoban desarrolló un papel fundamental a la hora de obstaculizar la circulación gala. Por delante de ellos, solo Stanciu -seguramente, el futbolista más talentoso de todo el combinado rumano- y un muy peleón Florin Andone buscaron estirar al combinado con más ahínco que destreza. La presión asfixiante impuesta por el colectivo visitante no se alargaría más allá del primer cuarto de hora, no solo por el inevitable desgaste físico sino también, en parte, por la espléndida irrupción en solitario del verdadero protagonista de la noche. Si bien arriba, durante los primeros compases, el conjunto rumano propició los dos únicos silencios que retumbaron en el estadio de Saint-Denis durante la noche de ayer, la organización defensiva del colectivo llegó en ocasiones a rozar la desesperación francesa. Tanto Stancu como Popa, volante izquierdo y diestro del equipo, volvieron a hacer gala de sacrificio desde ambos costados, para ayudar a sus laterales y también resguardar las poderosas arrancadas de los interiores franceses (Pogba y Matuidi). Apretó Francia con el paso de los minutos, que incluso llegó a rozar un premio que no encontró hasta el segundo tiempo. Mientras que Rumanía, a la vez que en el arranque de los segundos cuarenta y cinco minutos, volvió a protagonizar una notable puesta en la escena ofensiva que, con la repentina ayuda de Patrice Evra, se encargó de maquillar desde el punto de penalti (1-1); demostró que sus apenas dos goles recibidos en la clasificación -siendo así el equipo menos goleado de la fase- no estrechan relación alguna con el azar.

Deschamps frotó la lámpara y apareció el genio: Dimitri Payet

La inesperada baja de Lass Diarra trastocó los planes de Didier Deschamps. Tras unos meses de rotundo impacto en el Olimpique de Marsella, el centrocampista galo sufrió una inflamación en su rodilla que lo apartó de manera definitiva de la Eurocopa. Fue entonces cuando todas las miradas recayeron en uno de los pilares del exitoso Leicester que se coronó hace pocas semanas con el cetro de la Premier League: el también francés N’Golo Kanté. Caracterizado por una envidiable condición física, quizás inigualable en el panorama futbolístico actual, Kanté ha protagonizado a lo largo de esta temporada innumerables exhibiciones sobre el césped desarrollando la mejor de sus cualidades: la recuperación tras pérdida. Fuera como fuese, por banda izquierda, derecha, más arriba o abajo del mediocampo, el francés se convirtió en toda una aspiradora a la hora de rescatar esféricos. Ante la baja del ex futbolista del Real Madrid, Deschamps decidió entonces tirar del camino más sencillo: posicionar a Kanté como pivote, aunque ésta no sea su verdadera posición sobre el césped, y escoltarlo desde los interiores tanto de Pogba como de Matuidi. O, dicho de otra fortma, proseguir con la misma estrategia preparada con Diarra. El del Leicester, esta temporada, siempre dispuso en mediocampo en un doble pivote formado con Danny Drinkwater. Y sus funciones, sin desmerecimiento alguno, radicaban en lo anteriormente dicho: recobrar posesiones. No para posteriormente iniciarlas, ni tampoco distribuirlas o hacerlas cambiar de un lado a otro, sino para ‘simplemente’ devolvérselas a su equipo. Consciente de sus limitaciones, como también lo fue el equipo rumano, Deschamps entonces decidió acercar a la base al interior de la Juventus; este movimiento sí bien es cierto que oxigenó, en parte, la circulación a través de conducciones, envíos largos y cortos que ya no solo dependieron de Kanté, sino que también presentaba una connotación no del todo positiva: obligaba a Pogba a arrancar desde una zona algo más lejana a lo habitual, aunque no del todo nueva para él tras la lesión de Marchisio en la recta final de la campaña.

Mapa de pases de N'Golo Kanté durante el partido: 92% de acierto. Fuente: Squawka

Sin embargo, y no hasta bien entrada cada parte, mejoró Francia en el momento en el que cada uno de sus miembros comenzó a hacer lo que realmente sabe: Kanté bloqueaba transiciones, Pogba y Matuidi corrían (sobre todo hacia adelante), Griezmann y Giroud remataban (con mejor o peor acierto), mientras que Payet se limitaba -por describirlo de alguna forma- a inventarse acciones y situaciones que terminaron por desquebrajar el buen hacer del colectivo rumano. La temporada 2015/2016 ha sido para el futbolista del West Ham lo más parecido a un continuo highlight (esos vídeos que solo destacan lo virtuoso de cualquier futbolista): controles, regates, carreras, asistencias y golpeos, como el que ayer protagonizó en el último minuto del encuentro. Cuando más lo necesitaba Francia, y el propio Deschamps tras probar con todo tipo de variantes que incluso le llevaron a prescindir -sorprendentemente- de nombres como Griezmann o Pogba (por Coman y Martial), el ‘8’ entonces armó su pierna izquierda, teóricamente su extremidad menos buena, para dibujar el que seguro competirá por ser el mejor gol del torneo. Payet se marchó del césped entre lágrimas, completamente emocionado, tras protagonizar un encuentro que, seguro jamás olvidará: creando hasta ocho ocasiones manifiestas de gol (cuando los 25 jugadores restantes que ayer saltaron al césped, sin contar a los porteros, apenas fueron capaces de sumar nueve entre todos ellos) y colar por la escuadra de Tatarusanu el que, a los puntos, significa el primer paso de Francia en el torneo. Y lo mejor es que esto no ha hecho más que empezar. 
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