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LAS 11 CLAVES DEL REAL MADRID 2015/2016

Nunca nadie podrá negar a la figura de Zinedine Zidane como una de las más influyentes en la historia del Real Madrid. Algo impensable si además ese discurso trasciende al hablar del idilio del conjunto blanco con la Copa de Europa. Tan liviano como estilístico en su forma de tocar el balón, con una imagen algo más longeva de lo que en realidad su ficha reflejaba, el francés recaló en la entidad madridista en julio del 2001. Solo unos meses después, una volea imposible por su altura, momento, forma y significado no solo se coló en la escuadra derecha del alemán Hans-Jörg Butt, sino también en los históricos anales de una competición por siempre ligada a la grandeza del conjunto blanco.

El Real Madrid celebra su Undécima Copa de Europa. Foto: www.sport.es

La espera fue larga, puesto que hasta 12 años más tuvieron que pasar para que el Real Madrid volviese a ser coronado como el mejor de todos los mejores. Fue en Lisboa, ante el Atlético de Madrid, y allí volvía a estar el bueno de Zinedine. Esta vez no fue para volver a relucir su cabriola más famosa, aquella en la que hacía girar todo su cuerpo, rodeado de contrarios, por encima del esférico; tampoco para desafiar tanto a la gravedad como a la fisonomía, en un salto que transformaba su pierna como batuta, y perpetuamente será recordado como uno de los mejores compases interpretados sobre un terreno; ni para evidenciar que, siendo diestro de forma innata, no hay futbolista más completo que aquel capacitado de dos extremidades tan imprevisibles como efectivas. Zidane ganó desde el banquillo. O, mejor dicho, sumó desgañitándose, en una postura pocas veces recordada entorno a su figura. Puesto que todavía en aquella zona técnica presidía Ancelotti, verdadero baluarte de la décima copa blanca.

El pasado sábado, Milán volvió a servir como nexo de una relación que, por mucho tiempo pase y diferentes factores externos en forma de acicalados pretendientes sueñen con poder dinamitar, aún se encuentra muy lejos de encontrar final. Hablar de la relación del Real Madrid con la Copa de Europa es hacerlo, inevitablemente, de ese primer amor. Del amor verdadero, que te vacía sin después encontrar consuelo. El mismo al que añora cuando peor está la cosa. Un aroma que mejor que nadie conoce, que en San Siro volvió a respirar, no sin antes sufrir como todo amor auténtico, por onceaba vez en su historia. Esta vez el rival era esbelto, carismático e insistente como pocos. Y aunque en algunos momentos, la ruptura pareciese ser una realidad, desde hacía ya tiempo el Real había confiado como en las últimas ocasiones sus opciones a la más poderosa de sus armas de atracción, un idilio que supera a toda actuación habida y por haber, el de Zinedine Zidane con la Copa de los Campeones.

1- La llegada de Zinedine Zidane:

La llegada del francés al sitio principal del banquillo madridista supuso un vuelco táctico, pero sobre todo anímico al devenir del conjunto. Desde sus inicios, las nuevas consignas fueron rápidamente implantadas: más asociación, velocidad en cada acción, equilibrio posicional, desborde, variabilidad en las jugadas de estrategia y, a la larga, también terminaría por recuperar futbolistas de vital importancia. En otras palabras, Zidane fió su estrategia a un 4-3-3 donde Casemiro se adueñó del mismo pivote que Luka Modric y Toni Kroos pasaron a escoltar; arriba, como no podía ser de otra forma, el testigo se mantuvo a una BBC que, en su plenitud física, rindió a un grandísimo nivel. Son poco más de cinco meses el periodo que ha transcurrido desde la llegada de Zidane hasta la consecución de la Champions, y los más optimistas -todos ellos madridistas, debido al alto grado de exigencia que marca su discurso- ya piensan en que la próxima temporada solo podrá ser mejor argumento que el entrenador podrá contar con un mayor margen, gestión y preparación del calendario a su favor.

2- Keylor, un seguro bajo los palos:

A la sombra de Iker Casillas la pasada campaña, pocos meses ha necesitado Keylor Navas para demostrar que su rendimiento en el Levante así como en el Mundial (2014) no eran más que simples evidencias del gran portero que en el Real Madrid se ha encargado de demostrar. Hábil como pocos en el empleo de los reflejos, tanto para lanzarse a cualquier ángulo para negar la celebración del equipo contrario como para levantarse si el temple del atacante lo ha terminado tirando antes de tiempo al suelo, el costarricense no ha tenido esta temporada mejor escaparate para erigirse como uno de los mejores porteros del mundo. Para muchos el mejor, incluso, en este preciso momento. No tan práctico, eso sí, en el juego con los pies, esa faceta resulta la única a mejorar para un portero que, a punto de entrar en su madurez profesional (tiene 29 años), bloca, despeja y también detiene penaltis como muy pocos en lo suyo. 

3- El Camp Nou como punto de inflexión:

Aterrizó Zinedine Zidane en los primeros días de este mismo año y, pese a que su debut se saldó con una cómoda victoria frente al Deportivo (5-0), el equipo acusó el cambio entre ambos entrenadores hasta el punto de que en los dos primeros meses de ZZ en el banquillo, el Real Madrid se dejó un serial de hasta 7 puntos (3 de ellos en casa, frente al Atlético de Madrid) que, al final de la liga, terminarían pasando factura a favor del equipo culé. Si bien el francés tomó el testigo tercero, con una diferencia de 5 puntos con respecto al Barcelona (líder), en el momento de visitar el Camp Nou la distancia ya era de hasta una decena de puntos. Sin embargo, la victoria del Real Madrid (1-2) no solo permitió recortar distancias, sino que en esas mismas semanas el equipo clasificó para las semifinales de la Champions mientras que los de Luis Enrique coincidieron con el peor de sus baches de la temporada, lo que terminaría obligando a decidir el título en la última jornada, ya con el Real Madrid segundo en la tabla a un solo punto. Una falta de regularidad en partidos como el inaugural en El Molinón (aún con Benítez) o ante el Betis en el Villamarín (ya con Zidane) que terminaron por privar al Real Madrid de su cuarto título liguero consecutivo (3 del Barcelona y 1 del Atlético).

4- La consagración de Casemiro:

Tras un año de cesión en el Oporto, Casemiro regresó este mismo verano al Real Madrid bajo el prisma de la suplencia. Con un perfil defensivo; tan inédito como echado en falta durante numerosas ocasiones de la anterior campaña, tanto por destrezas personales como necesidades colectivas en una posición ingobernable desde la marcha de Xabi Alonso, el brasileño pronto se adueñó de la posición de pivote en el once titular. Con más oficio en el repliegue, ya sea para posicionarse entre las líneas de pase o perseguir marcajes con mayor avidez que la de Toni Kroos en la posición de ‘5’ (y que su cambio al interior izquierdo bien lo ha confirmado como ese su verdadero rol). Si bien la carencia de Casemiro reside en sus primeros pases, la salida en conducción o, en su detrimento, el desplazamiento de futbolistas como Sergio Ramos o Luka Modric se han encomiado a solucionar en fases de mayor atasco posicional. Para el recuerdo, junto a otras muchas brillantes actuaciones como en el Signal Iduna Park de Dortmund hace un par de temporadas o el Camp Nou en este pasado mes de febrero, quedará su final en San Siro. Casemiro estuvo en todo, en cada corte, en cada balón aéreo disputado en mediocampo (algo muy cotizado en el actual Real Madrid) de principio a final, en una exhibición de la que, quizás solo Sergio Ramos, por oficio, físico y premio final podrá alardear.

Casemiro pugna por un esférico esta temporada. Foto: www.sport.es

5- Lucas Vázquez, el número 12:

A menudo anclado en su posición natural, la del extremo por el carril diestro, el impacto de Lucas Vázquez saliendo desde el banquillo ha repercutido de una forma tan positiva, a lo largo de esta temporada, que no solo se ha convertido en una pieza fundamental del Real Madrid sino además (y salvo sorpresa) podrá demostrarlo con España en la próxima Eurocopa. Ejerciendo como revulsivo para dinamitar encuentros, sin importar a quién o el dónde, gracias a su veloz técnica y el empeño impuesto en cada uno de sus movimientos, tanto en el ataque como para ayudar en el repliegue, lo han convertido en el futbolista número 12 de la primera plantilla. Relevo de garantías, tanto para partir desde el inicio -en caso de ausentarse algún miembro de la BBC- como para revertir cualquier tendencia siendo casi siempre, y con total merecimiento, el primero de los cambios más habituales efectuados por Zinedine Zidane.

6- Un bastión llamado Sergio Ramos:

Finalizó la temporada 2013/2014 incluso por encima de su plenitud facultativa y en ésta la tendencia ha sido cuanto menos parecida. Tras un inicio de campaña que, como mucho, podríamos catalogar de discreta, los últimos meses de Sergio Ramos, sin embargo, plantean una analogía muy similar al de hace dos temporadas, y que ha terminado saldando con el mismo premio, el de la Copa de Europa. Al igual que en Lisboa, quizás sin la misma trascendencia pero sí validez, el ahora capitán del Real Madrid volvió a hacer el primero en una jugada a balón parado, y tiempo después acabaría transformando uno de los decisivos penaltis de la tanda. Previo paso, claro está, a completar una actuación memorable durante los 120 minutos de juego que se alargó la final. Rápido en cada acción defensiva, encargado de echar el freno a Torres y vigilante en cada cobertura sobre un Pepe y un Marcelo que no parecieron tener la mejor de sus noches, el ‘4’ del Madrid volvió a aparecer como gran capitán en el momento clave a los intereses de su defendido.

7- Un Cristiano por siempre legendario:

Pasarán años, clubes, jugadores y temporadas, y es posible que el mundo del fútbol no vuelva a disfrutar con un triturador de números como Cristiano Ronaldo. Con la final de Champions aún por disputar, el ‘7’ del Real Madrid acumuló su sexta temporada seguida superando la barrera de los 50 goles. De todas las formas, ante todos los rivales y en cualquier tipo de escenario, para el recuerdo de la 2015/2016 del luso quedarán los tantos conseguidos en el Camp Nou para remontar, el hat-trick en la vuelta ante el Wolfsburgo, cifras mayores ante rivales como el Espanyol (5) o el Malmö (4) y, sobre todo, el último de los penaltis de San Siro frente al Atlético de Madrid. En definitiva, 51 goles (16 de ellos en Champions) y 15 asistencias del astro portugués, en la misma temporada en la que sopló sus 31 primaveras. Quién sabe si para el próximo mes de febrero, cuando celebre su 32º aniversario, ya aposente su cuarto Balón de Oro.  

8- El último empujón de Gareth Bale:

Mermado hasta la fecha por las lesiones y continuos intercambios de posición, el último tramo de temporada de Gareth Bale no solo ha servido para reafirmar al excepcional futbolista que es, sino también para acallar cualquier tipo de debate acerca de su precio, los problemas musculares o el rol que debe adoptar sobre el césped. A base de cabezazos, hasta convertirse en el mejor goleador europeo en esta faceta; o carreras partiendo desde cualquiera de los dos costados, el galés fue el clavo ardiendo al que se terminó por agarrar el Real Madrid en su intentona final por alcanzar una Liga que, por más deméritos que aciertos de sus rivales, se le terminó quedando algo corta. Máximo exponente de su combinado nacional, el mismo con el que terminó por alcanzar la clasificación y por lo tanto veremos en la siguiente Eurocopa, y también del Real Madrid en el tramo más exigente del año; jugando por izquierda hasta línea de fondo, por derecha para recortar hacia adentro o en el centro para rematar tanto por alto como por bajo, pocos argumentos son ahora efectivos para poner en entredicho a la figura del galés como uno de los mejores atacantes del planeta. 

9- El zarpazo más difícil de Karim Benzema:

No han sido ni mucho menos los mejores meses de Karim Benzema en el marco extradeportivo y, sin embargo, como honra de un carácter poco habitual tal y como él mismo se encarga de reflejar a través de su juego, en lo deportivo la temporada sí ha distado mucho de cualquier aspecto negativo. 28 goles y 7 asistencias en 36 encuentros disputados, son los números del francés en la temporada 2015/2016; tantos de suma importancia ya fuesen para conseguir puntos de manera directa (como ante el Granada o su doblete visitando al Athletic Club) o en escenarios de vital trascendencia (como el caso del Camp Nou). Una regularidad en las cifras que alcanzó sus máximas entre los meses de diciembre y febrero, es decir, con ambos entrenadores en el banquillo. Temporada tras temporada, sus números pero también todo lo que proyecta más allá de los mismos lo reafirman como el delantero ideal de acuerdo al estilo y también las exigencias de un club con las dimensiones del Real Madrid.

Karim Benzema celebra junto a sus compañeros uno de los goles esta temporada. Foto: www.eurosport.es

10- No todos encontraron su sitio:

Sin embargo, y pese a la consecución de la Undécima Copa de Europa, no todo son buenas notas para el Real Madrid de la 2015/2016. Dejando a un lado la forma y el momento en el que se cayó eliminado de la Copa del Rey o a la inconstancia de aquellos primeros meses de competición que, a la larga, han vuelto a alejar un año más al equipo de alcanzar el trofeo liguero; especialmente remarcable en la primera etapa de Zinedine Zidane en el banquillo es la influencia ejercida por alguno de los pesos pesados en el devenir del equipo. A raíz de un equilibrio encontrado desde el 4-3-3 con Casemiro como pivote, Modric-Kroos actuando de interiores y la intocable BBC, el planteamiento ha relegado a futbolistas como James o Isco a un rol secundario o casi terciario. Algo mejor, aunque ni de cerca lo esperado, ha sido el rendimiento del malagueño desde la llegada de ZZ al banquillo. Actuando en segundas partes, como en la final, Isco sí ha sabido aprovechar esas pequeñas dosis que, a buen seguro, deberá mejorar si quiere ver ampliadas en la próxima campaña. Especialmente preocupantes fueron los niveles tanto de James como Danilo, o de un Raphael Varane que, con o sin Zidane, entre lesiones y resistencia de sus competidores, no parece terminar de explotar.

11- Territorio Real:

San Sirio acogió el pasado sábado la 14º final de la máxima competición europea de clubes para el Real Madrid, con un balance de 11 a su favor y solo 3 subcampeonatos (frente al Benfica, 1961/62; el Inter de Milán 1963/64; y el Liverpool, 1980/81). La Undécima madridista además, no solo aumenta la distancia con respecto a sus perseguidores más cercanos: Milan (7), Liverpool, Barcelona y Bayern Múnich (5); sino que además coronó a la capital de España como la ciudad europea con más ‘Orejonas’, superando así las 10 de Milán (7 del conjunto rossonero por 3 del Inter). Sufrió el Real Madrid como muy pocas veces antes se había recordado, incluso en cotas superiores a la anterior de sus finales. Tras unos primeros 20 minutos de los mejores no solo desde la llegada de ZZ sino del colectivo en el cómputo global de la temporada, el francés decidió prescindir de sus consignas futbolísticas más habituales ya con el marcador a favor, para buscar el control a través de un dominio más posicional. Una decisión no por todos entendida, y que tras el constante empuje del Atlético, terminaría la segunda mitad con empate (1-1). Hasta que entre pinchazos e innumerables problemas físicos, por parte de ambos conjuntos, el Real Madrid tuvo que echar mano de su idilio con el trofeo, curiosamente desde los 11 metros. El equipo no falló, el poste repelió el más importante a su favor y Cristiano Ronaldo, el otro gran ensimismado de la competición como bien pueden serlo Sergio Ramos o el propio entrenador, terminó por coronar al equipo en el más alto del olimpo. El objetivo, ahora, es claro: repetir galardón. Algo que jamás ningún equipo ha conseguido desde que la competición cambiase su formato. Aunque lo intentará el Real Madrid, que con la Champions se entiende mucho mejor que nadie.
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