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RECUPERANDO LAS PIEZAS JUSTO A TIEMPO

Si ayer, en este mismo blog, publicábamos sobre cómo Jan Oblak a través de sus intervenciones y Diego Pablo Simeone a golpe de pizarra consiguieron sostener al Atlético de Madrid en el Allianz Arena de Múnich; en la noche del miércoles, y de una forma no tan exigida, el Real Madrid certificó su pase a la gran final de Milán. San Siro acogerá la decimocuarta final de la Copa de Europa para el Real Madrid, la tercera en el caso del Atlético. Con el recuerdo aún vigente del primer y único precedente que existe, el de Lisboa en 2014, pocos argumentos más son necesarios para entender que las espadas ya se encuentran por todo lo alto. Será la segunda oportunidad en los últimos tres años para Simeone desde que tomase las riendas del conjunto rojiblanco, curiosamente, el mismo registro que Zidane aunque el francés haya ido mutando su posición en el banquillo a lo largo de estas dos últimas primaveras. Porque, segundo de Ancelotti en el momento de la Décima, y primero del Castilla en este mismo arranque de temporada, quién le podría haber dicho al francés o a cualquier aficionado al Real Madrid hace cuatro o cinco meses a lo sumo, que llegaría al mes de mayo con alguna -aunque remota- posibilidad de levantar la Liga y, sobre todo, de ocupar uno de los vestuarios en la final de la Champions.

Los futbolistas del Real Madrid celebran el tanto conseguido por Gareth Bale. Foto: www.realmadrid.com

El Real Madrid fue, de principio a fin, absoluto dominador del encuentro:

Y casi que también podríamos decir de la eliminatoria, sin temor a equivocarnos. Cierto es que el resultado de la ida, el 0-0, y las considerables bajas con las que llegaba al encuentro, implicaban que el Real Madrid extremase toda precaución ante el que se presuponía como uno de los ataques más peligrosos, no solo de las islas sino de todo el continente. Todas las previas del encuentro, más aún si cabe la del propio Zidane, sabían que la baja de Casemiro podría exponer al equipo blanco ante la máxima fortaleza del contrario. Por ello, y ante la necesidad de ver portería, más allá de la asumida exigencia de ser el Madrid y jugar en casa, sino también por encontrar el gol que desbloquease la eliminatoria, el francés ideó un sistema con el que pronto consiguió imponerse en el encuentro. Sin Casemiro, como ya hemos dicho, fue Toni Kroos quien ocupó de muy buena forma la posición del ‘5’, Luka Modric permaneció en su habitual espacio como interior derecho y fue Isco Alarcón, una de las principales ventajas del equipo en el encuentro, quien se aventajó del cambio posicional que volvió a experimentar el alemán en el 4-3-3. Arriba, y puesto que Karim Benzema no llegó a ultimar su recuperación, fue Jesé Rodríguez quien partió desde el inicio. Arrancó como primer punta, pero rápidamente desplazó su presencia a la banda izquierda. Bale partiría como viene siendo habitual en las últimas semanas desde la derecha, mientras que Cristiano Ronaldo ocuparía aunque no a rajatabla la zona del 9.

Zinedine Zidane: "Hemos tenido un partido difícil. El rival nos lo puso difícil. No vi a un City flojo, vi a un equipo metido y que nos puso en dificultades. Han jugado y defendido bien. El resultado muestra que nos ha costado. Hubiéramos merecido un segundo gol pero es una semifinal y sufrimos hasta el final. Ganamos el partido 1-0. Significa que hemos sufrido contra un rival muy bueno. Cada uno puede opinar lo que quiera y decir que el City no ha hecho nada. Yo creo que ha hecho mucho. No hemos concedido ocasiones apenas porque defendimos bien y estuvimos bien tácticamente”.

Sin Benzema sobre el césped y con la duda de cómo saldría el portugués de una lesión que lo ha tenido parado durante las últimas dos semanas, fue él mismo el encargado de ejercer el papel del fabuloso futbolista francés. Cristiano no estaba al 100% del que presumía su entrenador en rueda de prensa, resultaba evidente, pero el porcentaje con el que sí contaba el ‘7’ le bastó para correr a la presión, intimidar con cada remate sobre la portería de Hart y evitar cualquier ademán de relajación. Pero, vayamos por partes. Por su parte, y con la ausencia de David Silva, Manuel Pellegrini formó con un sistema que mutaba entre el 4-2-3-1 y el 4-3-3. Donde Fernando siempre era el futbolista más posicional del mediocampo, Jesús Navas y Kevin De Bruyne se encargaban de las bandas, a la vez que Yaya Touré hacía lo propio con la espalda del Kun Agüero. Porque fue eso, ocupar y no mucho más lo del costamarfileño. La presión, como en muchas otras cosas, no fue la mejor y el Real Madrid comenzó a generar sus primeras ventajas: bien a través de un Sergio Ramos mucho más reposado, no solo a la hora de sacar el balón sino también en el cómputo de sus acciones; o un Isco que, una vez recibía y giraba, parecía campear a sus anchas. Modric sacó la comba, y aunque el paso de los minutos fue disminuyendo el impacto del croata en el encuentro, fueron ambos interiores los encargados de formular la superioridad más clara para el Real Madrid. Dentro de las muchas que seguramente podríamos reseñar, hubo dos más de gran calado. Una fue la dupla formada por Bale y Carvajal en banda. Suyo, fruto de la combinación, fue el gol que terminaría por decidir la eliminatoria. Mientras que la otra, se llamó Jesé Rodríguez. Durante los primeros compases del encuentro, sabedor de que la carrera no es la principal baza de la pareja citizen (y que pronto se vería golpeada por la lesión muscular, una más, de Vincent Kompany), comenzó a lanzar de fuera hacia dentro, y también a la inversa, un sinfín de diagonales a la espalda de la defensa. No todas, por no decir que escasas, las terminó de aprovechar el Real Madrid. No para finalizarlas, pero al menos sí para posicionarse, puesto que con esas internadas el equipo fue ganando altura. Y ese fue el principal sabor de boca que se le quedó a todo aficionado blanco, al descanso y final, ya que con un poco más de acierto e intensidad que transformase el ataque en un arma constante, el Real Madrid podría haber encarrilado desde mucho antes de que el colegiado decretase el final del encuentro su clasificación a la final.

La mano de Zidane se nota en lo colectivo, pero sobre todo en lo individual:

Pudieron ser los nervios, la baja exigencia que estaba imprimiendo el Manchester City, el físico o una mezcla de todo ello, pero lo cierto es que el encuentro durante largas fases de su desarrollo careció del ritmo y la velocidad característicos para una semifinal de Champions. Intervino en esto el equipo de Manchester que, con Silva en la enfermería, Agüero tremendamente vigilado, Navas exhausto de recorrer de arriba abajo el carril diestro y con un De Bruyne al que se le acusó esa personalidad que sí mostró en los cuartos de final y le ha caracterizado, a resumidas cuentas, durante su primer año en la Liga inglesa. El Manchester City apenas pudo presumir de buenas actuaciones. Una, sin duda, repitió a Hart como protagonista. La otra, bien pudo ser Otamendi que, sin Kompany, se encargó de apagar toda acción de contragolpe en la segunda mitad (y que ni Lucas ni James fueron capaces de conectar), o el propio Fernandinho alzando su posición hasta el balcón del área. Con el brasileño y el chasquido del poste, llegó el segundo susto del Bernabéu en el encuentro. El anterior se produjo justo antes del descanso cuando primero Bale y después Cristiano doblaron su regazo y fruncieron el gesto con aparente dolor. Por suerte para el equipo blanco se quedó en eso, una doble falsa alarma. Si bien es cierto que con Zidane este Real Madrid ya ha completado grandes actuaciones, como la del Camp Nou, ayer, en lo colectivo, el equipo se encontró lejos de alcanzar esa perfección. El City apenas exigía, y no precisó de Keylor hasta los últimos compases del encuentro, cuando requirió de su atención más que de sus reflejos. Sin embargo, ante un Real Madrid que, salvo Cristiano, daba la sensación de que sin sufrir se iba dejando poco a poco llegar, el conjunto citizen sí conseguía sin mayor dificultad que la impuesta por su pasador y receptor instalarse en campo rival. Aunque, a partir de ahí, el Madrid aculaba con una tranquilidad impropia de la que el resultado, en cualquier otro escenario, hubiese provocado. 

Pero más allá de corregir dichos matices técnicos, a priori, más propios del acomodamiento que de cualquier preocupante desajuste, en las últimas semanas las mejores noticias para Zinedine Zidane están llegando a través de nombres propios. Si la primera fue mantener a Casemiro ejerciendo como pivote, por mal que pesen sus cualidades para hacer jugar el balón; después fue el de Lucas Vázquez, trabajador y agitador de encuentros; posteriormente llegaría el de Gareth Bale, que con su indudable paso adelante ha sido el encargado de mantener al Real Madrid vivo en la pelea por la Liga, pero ahora también de clasificarlo para disputar la final de Champions; el último, y tremendamente necesario en sumarse a esta lista, ha sido Sergio Ramos. Centrado en lo suyo, conocedor de sus virtudes pero también limitaciones, la del central andaluz parecía ser la última pieza por recuperar del puzzle. Ha tardado, puesto que, siendo justos, su temporada no ha sido su mejor a nivel particular, pero sin embargo el Real Madrid ha recuperado a su capitán en el momento ideal. 
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