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EL ALLIANZ TAMPOCO FUE SUFICIENTE

Con todo merecimiento, el Atlético de Madrid estará en la Final de Milán del próximo 28 de mayo. Se clasificó, quizás, jugando no tan bien a eso que ya nos ha acostumbrado que sabe hacer. Pero, sobre todo, lo hizo a través de una entereza impropia para cualquier mortal en un escenario como el Allianz Arena. Sufrió, como todos los equipos lo hubiesen hecho. Incluso los dos únicos en el mundo que pueden alinear a Messi y a Cristiano también podrían haberse visto agobiados ante un acoso como el que protagonizó el Bayern de Múnich en el cómputo global del encuentro, aunque, evidentemente, dos futbolistas de la talla del argentino y el portugués siempre puedan protagonizar ellos solos un guion muy distinto. Sin embargo, el estadio muniqués ayer acogió a una rara avis del fútbol. Al único equipo del mundo que, para incomodidad de sus aficionados, parece disfrutar sufriendo. Y lo cierto, es que solo la Copa de Europa podría poner el broche de oro a esta tremenda hazaña de Diego Pablo Simeone en el conjunto rojiblanco que, con o sin título, y por diferentes razones que todos bien sabemos, merece su sitio en los anales de esta preciosa locura que decidimos llamar fútbol.

Los futbolistas del Atlético de Madrid celebran bajo la mirada de Neuer. Foto: www.clubatleticodemadrid.com


El primer tiempo del Bayern fue de una superioridad aplastante:

Como no podía ser de otra forma, Simeone salió al Allianz Arena con su once de gala. Formó en su ya habitual 4-4-2, en el que el recién recuperado Godín acompañó a Giménez en el centro de la zaga; donde Saúl y Koke ocuparon las bandas; mientras que Torres y Griezmann se ocuparon de la zona más adelantada. Por su parte, aunque hablar de Guardiola y sus sistemas no tenga sentido alguno, el Bayern predispuso en una alineación lo más parecida al 4-2-3-1. Donde Boateng, que reapareció en el último fin de semana, compartió defensa con Javi Martínez; Lahm y Alaba partieron como laterales; Xabi Alonso y Arturo Vidal lo hicieron desde el centro del campo; y arriba Costa, Müller y Ribéry correteaban a la espalda de Robert Lewandowski. Y el encuentro, lo cierto, es que siguió el patrón por todos previsto. El Bayern, desde un primer momento, arrinconó al Atlético en su propia área. Los de Guardiola desbordaban por banda, generaban y remataban de forma constante, sin deshacerse ni un momento de la posesión del esférico que utilizaron para dañar, pero también para no sufrir el contragolpe rojiblanco.

Con un Xabi Alonso que bien emuló al de sus mejores tiempos, el Bayern iniciaba cada acción sobre el propio terreno del Atlético. El contexto de dominio constante y, sobre todo, sin la necesidad de tener que correr hacia atrás debido a la gran presión que hacia el conjunto tras pérdida, favoreció al buen desarrollo del futbolista tolosarra en el partido. Se manejó a su antojo. Ya fuese para combinar en corto, dañar a la estructura rojiblanca por dentro o abrir el juego hacia el sector diestro del campo por donde irrumpía Philipp Lahm, previo movimiento hacia el interior del brasileño Douglas Costa. Sin embargo, no fue por allí, por el sector derecho, por donde el Bayern encontró el foco del peligro. Más bien fue por el izquierdo, mediante la conexión entre Alaba y Ribéry por donde más sufrió el Atlético. El apoyo constante, el 2x2 entre el austriaco y el francés, siempre apoyado por algún movimiento de Lewandowski dentro del área o del resto de llegadores fuera de la misma, comenzó a generar una debilidad que, Simeone, no tardó en dilucir. Si en un primer momento fue Saúl quien acompañaba a Juanfran en el sector derecho, y quizás el más débil a nivel defensivo para el equipo, a partir de la primera media hora de encuentro, y casi coincidiendo con el gol en contra, el Cholo introdujo la primera de sus variaciones: decidió cambiar a los volantes de banda; ahora, Saúl jugaría por izquierda y Koke por derecha. El motivo, frenar esa superioridad muniquesa con un futbolista menos agresivo en la marca, y pasar a tapar la diagonal que constantemente lanzaba el futbolista francés o el austriaco con un jugador con mejor cualidad para corregir esos espacios. Así, Saúl pasó a ayudar a Augusto y Filipe Luis en la ardua tarea de defender a un Douglas Costa que siempre giraba hacia dentro. Con este movimiento el Atlético tampoco consiguió despegar, es cierto, y eso, en un escenario como el alemán y con una pareja de centrales que Giménez se encargó de demostrar con creces que no estaba ante su mejor versión, suponía un peligro que, tarde o temprano, podría dejar al Atlético sin el billete a la final. A fin de cuentas, el Bayern cerró la primera mitad con hasta 17 lanzamientos, un 73% de la posesión, un 86% de acierto en el pase y, para nota positiva del Atlético, un solo tanto a su favor.

Diego Pablo Simeone ejecutó una magnifica lectura al descanso:

Al descanso, Jan Oblak ya era el mejor futbolista del Atlético sobre el césped. No solo paró un penalti a Müller y su posterior rechace que, quién sabe, si de haber acabado dentro la eliminatoria hubiese sido completamente distinta, sino que ante una defensa no tan firme como en otras ocasiones; mérito del Bayern pero también demérito individual de algún nombre propio de la línea, el cancerbero esloveno supuso toda una bocanada de esperanza para el colectivo. Ya fuese por alto, por bajo, blocando o despejando, Oblak transmitió la seguridad de quien verdaderamente merece ser considerado como alguien diferencial en su demarcación. Y lo cierto, es que el peso de Oblak sobre este equipo, es igual de trascendente que el que puede tener cualquier atacante a la hora de resolver una eliminatoria. Tras el descanso, y sabedor de que mantener el plan durante los siguientes cuarenta y cinco minutos no era la mejor de las soluciones, Simeone decidió dar entrada a Yanninck Ferreira-Carrasco en detrimento de Augusto. El cambio, aunque a priori pudiese parecer completamente ofensivo, tuvo una connotación más intencionada que la simple estrategia de sacrificar un centrocampista para introducir un atacante.

Simeone: "En el primer tiempo vimos un equipo tremendo. Tenían presión, juego, posesión, juego aéreo e intensidad. Un primer tiempo fantástico del Bayern. Nosotros tuvimos poca respuesta a las situaciones que nos propusieron. El segundo tiempo fue más parejo. Salimos muy bien a la contra en la que llegó el gol y eso nos permitió salir con ventaja (...) Su penalti les ponía 2-o y nos ponía las cosas muy difíciles a nosotros. Y después, cuando faltaban ocho minutos, se nos iba a poner todo de cara. Los chicos tuvieron un temple tremendo en el final del partido. Nos llevamos un pase a la final con mucha alegría, está siendo una Champions muy bonita y difícil".

Con el belga sobre el terreno de juego, el Atlético pasó a formar en un 4-1-4-1. Ganó un especialista en el despliegue, pero lo que sobre todo demostró fue entereza en mediocampo. Y bien, con la entrada del ex-futbolista del Mónaco, Saúl Ñíguez modificó por segunda vez su posición en el encuentro y se convirtió en el pivote del equipo. A sus lados, y pese a que la lógica nos hubiese hecho pensar en un posicionamiento algo distinto, se acostaron Gabi (como interior derecho) y Koke (izquierdo), mientras que Griezmann y el propio Carrasco se situaron más cerca de las bandas. El conjunto rojiblanco no solo le venció unos metros al Bayern, sino que empezó a lanzar su ataque (tal y como llegó la jugada del gol, que Griezmann se encargó de resolver con la misma templanza de los mejores '9' del planeta, y el posterior penalti que acabaría errando Torres a pocos minutos del final). Además, añadió un futbolista más por delante de la defensa de cara a los últimos compases que, con la necesidad de tan solo buscar un último tanto tras el que consiguió Lewandowski -quien, pese a hacerlo, no terminó de cuajar unos buenos 180 minutos-, y el penalti que en este caso paró Neuer a Fernando Torres, acabaron con el Bayern Múnich templando balones desde cualquier posición buscando el remate. Un remate que jamás llegó y, si lo hizo, siempre fue repelido, que hubiese clasificado al conjunto de Pep Guardiola a alcanzar la que, por muy injusto que se sea, siempre será recordada como la espinita que tras caer en sus tres últimas semifinales frente al Real Madrid, Barcelona y Atlético deja su paso por el conjunto alemán.  
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