, , , , , , , , , , , , , ,

SOLO PODÍA QUEDAR UNO

Si bien en el momento de encuadrar los emparejamientos la eliminatoria entre Sevilla y Athletic enfrentaba a dos de los aspirantes al título, cualquier aficionado rápidamente llevó a su mente a una eliminatoria con distintos enfrentamientos directos: desde el que protagonizarían sus estadios, tanto San Mamés como el Sánchez Pizjuán; sus entrenadores, Ernesto Valderde y Unai Emery; los porteros designados por uno y otro equipo en la competición, Iago Herrerín y David Soria; y, por supuesto, al duelo de delanteros entre Aritz Aduriz y Kevin Gameiro. Lo cierto, es que la eliminatoria ha tenido mucho de todos ellos. Golpes de pizarra, atajadas y goles, sobre dos de los escenarios más pasionales del fútbol español. De algunos más y de otros menos, también hubo errores. Y a fin de cuentas, como el fútbol trata de eso, de evitar los propios fallos y provocar los del contrario, han sido ellas, las malas decisiones, las encargadas de resolver una eliminatoria que, a los puntos, hubiese quedado completamente igualada.  

Kevin Gameiro, autor del último penalti, celebra junto al resto de compañeros. Foto: www.sevillafc.es

Le faltó claridad al Sevilla, puntería al Athletic Club:

Porque fue durante la ida, pero también a lo largo de la vuelta, donde la acumulación de desaciertos terminó por desequilibrar la balanza. Tras remontar en Bilbao (1-2), el Sevilla regresaba a su feudo, el mismo en el cual acumulaba 11 victorias consecutivas en esta misma competición europea, para ponerle el punto final a su pase a semifinales. Con las ausencias de Banega y Tremoulinas, y el reloj corriendo a su favor, el Sevilla planteó un escenario parecido al del primer encuentro. Con matices, claro está, debido a las ausencias del argentino y el francés, dos pilares en su engranaje. Emery decidió formar con el habitual 4-2-3-1, dando entrada a Vicente Iborra por delante del doble pivote y a Krohn-Dehli acostado en el sector izquierdo del campo. Sin embargo, y pese a que en un primer momento ningún analista hubiese encontrado motivos para dudar de la llegada del futbolista danés a Nervión, más aún cuando la operación se cerró sin coste alguno y, detrás de todo ello, se encontraba la magnífica gestión del club hispalense, lo cierto es que el futbolista del Celta no termina de cuajar. Ya sea como en el día de ayer para adoptar alguna tarea de Banega si éste no está sobre el césped, o para combinar por dentro cuando ha coincidido con el argentino jugando, el rendimiento de Khron-Dehli hasta este momento se basa en pequeños chispazos desde el costado que, ayer, tampoco supo demostrar. Atascado el Sevilla, por tanto, en las principales tareas de organización, los nervios y la presión alta del Athletic comenzó a inducir una serie de errores defensivos que, por desgracia de Valverde, no acabaron en otro lugar que las manos de David Soria o el banderín del córner. Al menos, durante la primera parte del encuentro. 

Unai Emery: “La clave es que estábamos preparados para jugar hasta el último penalti, lo habíamos hablado y preparado. Alguno puede apelar a la suerte, yo la llamo buena suerte. Y esa hay que trabajarla. El Athletic ha sido un gran rival". 

Por su parte, y aunque no encontrase su premio hasta bien entrada la segunda mitad, el Athletic volcó su ataque sobre la banda de Óscar De Marcos y Markel Susaeta. La derecha, para ser más concretos. O, lo es lo mismo, la izquierda del Sevilla. Nada de esto fue casualidad y es que, sin Tremoulinas y un desconectado Krohn-Dehli, Sergio Escudero se encargó de defender desde el lateral izquierdo, las continuas intentonas del combinado vasco, sin mayor apoyo que las coberturas -a veces tardías, otras erróneas, de los jugadores más centrados-. El Athletic comenzó a recuperar a una altura mucho mayor que en la ida, por lo que, esta vez, el escalón de la elaboración no pesó tanto como en San Mamés. Mientras Lekue y Susaeta intercambian constantemente las bandas, y Raúl García coqueteaba a su modo de encimar con cualquier rival en las inmediaciones del área, el equipo bilbaíno echó en falta la última combinación necesaria antes de correr para festejar. Algo que, sin embargo, no encontraría hasta los segundos cuarenta y cinco minutos.

El duelo Gameiro vs Aduriz apenas duró un ratito del segundo tiempo:

Sin balones para correr ni tampoco rematar, Gameiro y Aduriz, dos de los mejores delanteros de la competición, no presentaron batalla hasta la segunda mitad. Y duró lo que tardaron los goles, sus celebraciones y hasta que el delantero del Athletic tuvo que abandonar el campo por problemas musculares. Sabedores de que, sin gol a su favor, no habría opción alguna de clasificar a semifinales, el Athletic salió mucho más enchufado tras el descanso. Empujando con más insistencia al Sevilla contra su propia área, fue él, Aritz Aduriz, quien a través de una conducción dentro del rectángulo sevillista y un disparo raso, abrió el marcador. Esta vez, y no por última en el partido, David Soria pecó de poca intensidad en su intentona por atajar el disparo. A partir de este momento, llegados a la hora de encuentro, el tanto del Athletic desató una locura que ya se extendería hasta la definitoria tanda de penaltis. Antes del gol, Emery había reforzado su planteamiento medular dando entrada a Konoplyanka como volante izquierdo en un sistema cada vez más parecido al 4-4-2, costado que, por cierto, también correspondía al del urgentemente reconvertido como central Eneko Bóveda, y que el Sevilla no terminó de explotar ayer en el Pizjuán; mientras que Valverde decidió hacer más incisivo su ataque por el otro costado, el izquierdo, dando entrada a Muniain en el mismo sitio que Lekue figuró como titular al arrancar el choque.

El Sevilla respondió a través de un Gameiro que, en su actual estado motivacional, no necesitó de más oportunidades para rescatar al equipo. Solo al final, pero antes volvió a errar David Soria, que hasta la fecha estaba cuajando una magnífica Europa League, en un remate de Raúl García que no se puede calificar como salida ni tampoco de lo contrario. Y ahí estuvo el fallo, en el ir o no ir. Con una intensidad bárbara que incluso se llevó por delante físicamente a Aritz Aduriz, digna de unos cuartos de final entre dos de los equipos españoles con mejor pasado reciente, el choque se alargó hasta la tanda de penaltis. Previo paso por una prórroga que, a lo sumo, tuvo ocasiones pero también inconvenientes musculares. Sin embargo, lo que nadie sabía es que la noche aún tenía más fallos por delante. En la decisiva, David Soria acertó quedándose quieto mientras que Beñat, quizás uno de los mejores en el cómputo global de la eliminatoria, erró lanzando su penalti al centro y a media altura. Después llegaría lo de Gameiro. El francés, que había terminado completamente roto la prórroga tendido en el área de Herrerín, volvió a pisar la zona durante la tanda. Esta vez más tranquilo. Era el último, el decisivo y no existía más dolor que el de verte apeado de unas semifinales europeas en tu propio estadio, cuando el francés decidió chutar a la escuadra. Sin remordimientos ni temores. Con la confianza y el estado anímico del campeón, el Sevilla buscará en semifinales dar su penúltimo paso ante el que sería su tercer entorchado consecutivo (el quinto en su palmarés); Gameiro, además, peleará por alargar su candidatura por estar el próximo verano con la Selección. Y ambos, de la mano, parecen muy empeñados en conseguirlo. 
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario