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GONZALO HIGUAÍN, OTRA VEZ

La del título de este texto ha sido, sin lugar a dudas, la referencia más utilizada por los seguidores del Calcio desde que el balón empezase a rodar allá por el mes de agosto. Conocedores de las dificultades por las que atravesó la Juventus durante el arranque de la temporada, el conjunto napolitano se empleó a fondo, desde un primer momento, con el objetivo de desbancar a los bianconeri de la carrera por el título. Y mantuvo el pulso, o lo mantiene pero sin tanta fuerza, gracias al espléndido rendimiento del delantero argentino que, a siete partidos del final, acumula 30 goles en 31 jornadas. Dos tantos más que la suma del segundo y el tercero juntos; Bacca y Dybala con 14 dianas cada uno.

Gonzalo Higuaín durante un partido esta temporada en San Paolo. Foto: www.Gazzetta.it

Decir que la temporada 2015/2016 está siendo la mejor de Gonzalo Higuaín no es solo una sentencia que respalden los números sino también su fútbol. Rota la barrera de su mejor marca, la de los 29 goles que cosechó la temporada anterior y también en la 2009/2010 con Manuel Pellegrini en el banquillo del Real Madrid, no existe por tanto un solo motivo para desestimar la sentencia anteriormente expuesta. Porque la de Gonzalo Higuaín va más allá de ser una campaña puramente aritmética, desde el arranque de la misma, la estrategia napolitana -a través de un 4-3-3 recitado de carrerilla en cualquier esquina de la ciudad sureña- centró sus fuerzas ofensivas en la capacidad resolutiva del argentino. Hablar de la mejoría defensiva, de la explosión de Jorginho como regista, del rol de Hamsik como interior en el amenazante sector izquierdo del equipo (junto a Ghoulam como lateral e Insigne de extremo) o de la evolución de un Callejón con menos ruptura y más asociación, son los engranajes de una pizarra que, bajo cualquier consigna, ha compartido siempre un denominador común: balones al Pipa.

Porque ya fuese por izquierda, por derecha, por alto, por bajo, dentro o fuera del área, a lo largo de esta temporada Gonzalo Higuaín se ha encargado de eclipsar y canalizar todo acercamiento napolitano a la portería rival. Algo más fino en la figura, su explosividad en carrera y su remate con la pierna derecha han supuesto una combinación difícilmente refrenable para cualquier rival. Porque en el ataque posicional con el que el Napoli ha tenido que lidiar durante largos minutos esta temporada, la posición de Higuaín de espaldas a portería ha sido uno de los recursos más útiles. Si la presencia de los laterales o el regate de Insigne ensanchaban y alargaban el ratio de ataque, sobre la frontal siempre merodeaba el argentino; tanto para descargar de cara a la segunda línea del frente o, como en muchas de las situaciones, resolver por su cuenta. Con un remate de primeras o una acción sin mayor protagonismo que el nacido entre su físico y el olfato goleador, esta temporada el desenlace más común ha terminado con el portero recogiendo el balón de su portería.

Un adiós casi definitivo por el Scudetto:

El pasado domingo, Luigi De Canio, que apenas llevaba un encuentro desde su regreso al equipo de Udine, planteó un partido casi perfecto de acuerdo a sus intereses y, sobre todo, a los de la Juventus: armado a partir del 3-5-2, el trabajo expuesto por sus hombres en la zona más ancha del campo supuso el mejor atasco ante cada acción del Napoli. Si bien Badu y Kuzmanovic se anteponían como dos sombras ante cualquier combinación elaboradora de los de Sarri, Widmer y Armero corrían para estirar al equipo de los costados, Bruno Fenrnandes se encargó de los goles (también de fallar un penalti), y fue desde Duván Zapata donde el Udinese consiguió estirarse sobre el terreno defendido por el equipo partenopeo. Caracterizado por una voluminosa presencia, tanto para chocar como para arrancar, el colombiano fue la peor pesadilla de un Kalidou Koulibaly que, acostumbrado a protagonizar los mejores onces de cada jornada, erró una acción tras otra. Ya en el segundo tiempo, con el Napoli cada vez más lejos de conseguir una victoria que le hiciese mantener su distancia con la Juventus (ganó el sábado frente al Empoli por 1-0), Gonzalo Higuaín, fiel reflejo del espíritu napolitano a lo largo de la temporada, lo mantuvo, pero con peores consecuencias para el colectivo. Expulsado y protagonista de una bronca que obligó a los suyos a sacarlo casi a rastras del césped, el Comité ha decidido castigar al argentino con cuatro partidos; o lo que es lo mismo, se perderá los duelos frente a Verona y Bologna en casa, el de San Siro frente al Inter y el trascendental choque con la Roma en el Olímpico. Porque los de Spalletti siguen apretando y ya están a solo cuatro puntos de la segunda plaza, la del Napoli.

En definitiva, la sensación que esclarece recién empezado el mes de abril es que el fútbol se la ha jugado a Higuaín, otra vez. Que todo parece indicar que el argentino, en su mejor momento como profesional, no podrá superar el récord de Gunnar Nordahl (35 goles en 37 partidos) como el mejor artillero de la Serie A, que se aleja de la Bota de Oro y que, en definitiva, la Juventus pese a su mal arranque de temporada continúa a años luz de cualquier otro equipo en el país transalpino. Y es que, la temporada italiana más igualada de los últimos tiempos, no ha sido sino una competición algo desvirtualizada, donde, una vez recuperado el gen ganador, el equipo turinés vuelve a no tener mayor competidor que el de su propia exigencia.
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