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DOS PARTIDOS EN UNO

Lo vivido ayer en el Camp Nou fue lo más parecido a dos partidos en uno. En el momento del cruce, la eliminatoria ya prometía grandes emociones, y lo cierto es que terminó por no dejar a nadie indiferente. El Atlético de Madrid que llegaba en modo avión, por velocidad en su juego que no desconexión, se plantó en Barcelona solo tres días después de que el Real Madrid de Zinedine Zidane encontrase su primera gran noche, en ese mismo escenario y ante esos mismos jugadores -a excepción del portero titular-. Oportunidades, goles y decisiones arbitrales que transformaron el duelo en un vaivén táctico que, de cara al encuentro de vuelta y con la eliminatoria sin ni mucho menos estar resuelta, convierte al próximo miércoles en todo una final anticipada. No habrá mayor desenlace que el de ser o no semifinalista de la competición, pero por grandeza de equipos y de escenarios ninguno desmerecería de acabar levantando el trofeo.

Fernando Torres en el momento del remate (0-1). Foto: www.fcbarcelonanoticias.com

El Atlético dominó durante prácticamente todo el primer tiempo:

Por si quedaba alguna duda, el planteamiento confirmó que Diego Pablo Simeone se pasó la noche del sábado pegado al televisor pendiente de lo que sucedía en el Clásico. Sabedor del mal segundo tiempo que realizó el Barcelona, y del colchón -si es que realmente se puede usar ese término en Champions y más aún frente a los de Luis Enrique- de jugar la vuelta en casa, salió con la intención de ahondar en las dudas del equipo azulgrana. Si bien los tres puntales en el once titular podían pronosticar que el Atlético apretaría más en el ataque, la verticalidad de sus hombres y su ya conocida implicación en el colectivo también podía hacer presagiar una faceta de repliegue-contragolpe, algo más habitual en este tipo de choques. Sin embargo, el primer tiempo tuvo mucho más de lo primero que de lo segundo. El Atlético formó en un 4-4-2 donde Koke actuó como mediocentro junto a Gabi, mientras que Saúl y Carrasco, en un primer momento, ejercieron como volantes.

Aprovechando que, salvo en sus dos primeras ocasiones, los primeros compases del Barcelona parecían un letargo de su segundo tiempo frente al Real Madrid, los rojiblancos se encargaron de atacar, pero también para discutir el dominio del balón. Lentos en la circulación y con un Messi de nuevo muy centrado sobre el campo, el Barcelona perdió frescura y, por lo tanto, dejó de generar peligro. Conviene subrayar que, solo hace unos meses y ante este tipo de problemas, el envío diagonal de Lionel y el regate de Neymar se convirtieron en las soluciones más recurrentes. Pero ayer, ninguna actúo según lo previsto. La situación del argentino sobre el terreno y la actuación de Diego Godín -esta vez, debido a las bajas, como central diestro- quien fue el mejor apoyo para un Juanfran que, en cada acción con Neymar, se veía tremendamente superado. Antes de que el brasileño pudiese volver a actuar, tanto para volver a gambetear como para efectuar o facilitar el disparo, el uruguayo ya había terminado despejando.

Diego Pablo Simeone: "Estoy feliz de tener el equipo que tengo. Es una gran estructura de trabajo y un equipo consolidado. Hicimos un primer tiempo fantástico hasta el minuto 30. En el segundo tiempo intentamos seguir vivos para la vuelta. Más allá de la desigualdad que hubo dentro del partidos nos vamos con el trabajo y una situación que nos deja con expectativas". 

Con el argentino y el brasileño más que menos controlados, el papel de Filipe Luis terminó por obstaculizar a otro de los socios más amenazantes: Ivan Rakitic. El croata, sin Messi pegado a banda y con una circulación que no terminaba de ser la correcta, tampoco consiguió encontrar en Luis Suárez el apoyo necesario. Si Diego Godín cumplió con creces en una posición que no es la habitual, el encuentro del joven Lucas también merece ser repleto de elogios. Bien posicionado, su juventud no le llevó a desentonar ni una sola vez ante la envergadura de la situación, ambos centrales se las arreglaron para secar al uruguayo durante prácticamente todo el primer tiempo. Para reforzar aún más su dominio táctico, Simeone decidió pasar a un 4-5-1 donde Carrasco ocupó el carril derecho; el mismo desde donde Alba, Iniesta y Neymar podían hacer tambalear el buen momento Atlético. Una vez desconectado el Barcelona o, al menos, llevado a una situación radicalmente opuesta a la que posteriormente protagonizaría en los segundos cuarenta y cinco minutos, fue entonces cuando emergió una figura por encima del resto: Fernando Torres. El parón de selecciones permitió a Simeone implicarse directamente con el delantero madrileño, con el objetivo de hacerle llegar a este último tramo de la temporada en el mejor de los estados. Y vaya si lo ha conseguido. En los últimos encuentros y, más concretamente, tanto el sábado contra el Betis como ayer en el Camp Nou, la versión del ‘9’ rojiblanco es la más parecida a la que en su día maravilló hace ya ocho años. Rápido en sus movimientos y, sobre todo, atento en los desmarques, Torres volvió a servirse de un envío de Koke para hacer el primero. Era la confirmación al plan de Simeone que, minutos más tarde, en un envío del propio Torres sobre Griezmann a punto estuvo de encarrilar la eliminatoria. Con un Atlético crecido y un Barcelona al que su mal trato con el esférico le hacía atacar mal, pero también defender de manera errónea -como ocurrió en la jugada del gol-, lo que nadie podía esperarse es que recién rebasado el ecuador de la primera parte el Atlético se iba a quedar con 10 futbolistas sobre el césped. La expulsión de Torres terminaría por desequilibrar el encuentro, y quién sabe si parte de la eliminatoria.

Hasta que el Barcelona aceleró y Luis Suárez terminó por desatarse:

La desigualdad numérica sobre el césped, el ensordecedor empuje del Camp Nou y un Barcelona mucho más enchufado que como embocó el túnel de vestuarios terminaron por hacer de los segundos cuarenta y cinco minutos un encuentro completamente distinto. Si bien durante la primera mitad los de Luis Enrique pecaron de una mezcla entre pasividad y precipitación con la que desquitarse de las sensaciones del Clásico que, en ambas situaciones, terminó por inducir en el error, tras el segundo tiempo el partido y el equipo fueron otros completamente distintos. Los azulgrana comenzaron a pasarse el balón con mucho más criterio y, sobre todo, velocidad, cargaron de hombres el área y la frontal, a la vez que tanto Rakitic, Iniesta, Busquets y los centrales no permitían que el juego saliese de ese escasa dimensión del terreno. Simeone, convencido de la capacidad defensiva de su colectivo, decidió prescindir de su mejor arma a los espacios (Carrasco) para dar entrada a un hombre más en la zona de medios (Augusto). El Barcelona cada vez apretaba con más insistencia, y fue Dani Alves, antes que Luis Suárez, quien terminaría por decantar el encuentro

Sin mayor oposición en el carril que la que se aglutinaba al final del mismo, el brasileño interpretó a las mil maravillas lo que pedía la situación y con una templanza y precisión quirúrgicas comenzó a centrar balones al corazón del área. Godín, que continuaba siendo el central derecho, atendía a los envíos que se producían desde el sector contrario al suyo, y así, el Atlético comenzó a despegarse en el segundo palo. Iniesta, uno de los más destacados del Barcelona en la primera mitad, recuperó el protagonismo mientras que Neymar comenzó a sacar su regate con algo más de facilidad. Así, de un envío lateral y un disparo de Jordi Alba, Luis Suárez cazó el tanto del empate. Después, de otro envío directo, el uruguayo remataría de cabeza para hacer el segundo. Los cambios y la presión que ejercía el Barcelona terminaron por debilitar cualquier proyección ofensiva de un Atlético que, sin bien es cierto, antes del aluvión culé y posteriormente a él, encontró en las piernas de Saúl -quien una vez más volvió a ser de los mejores- su mejor herramienta para correr en ataque. Más tarde, Simeone probó con Thomas y Correa, mientras que Luis Enrique hizo lo propio con Rafinha (quien volvía de su larga lesión), Arda y Sergi Roberto, pero para entonces ya todo estaba resuelto. En otra muestra de grandeza a la altura de la competición que desempeña, el Atlético consiguió salir vivo de una situación y un escenario del que no muchos hubiesen conseguido hacerlo, y además cuenta con que será el Vicente Calderón en el partido de vuelta quien termine por dictar sentencia a una eliminatoria que, tras sus primeros noventa minutos, queda completamente abierta.
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