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LA NUEVA ROMA DE LUCIANO SPALLETTI

Con siete triunfos consecutivos en Serie A, un empate y dos derrotas –una frente a la Juventus y la otra frente al Real Madrid, en Champions, y compitiendo mucho mejor de lo que finalmente acabó reflejando el resultado (de cero goles a dos)– podríamos resumir, de forma puramente aritmética, los poco más de treinta días que lleva Luciano Spalletti desde su regreso al banquillo de la Roma. Ahora bien, la evaluación del entrenador italiano a este primer tramo resulta mucho más positiva si se atiende a la mejoría táctica, pero también anímica, que ha experimentado el equipo.

El Shaarawy, Perotti y Salah celebran uno de los goles esta temporada. Foto: www.asroma.com

El vacío futbolístico que se produjo tras las grandes citas europeas (frente al Bayern Múnich y Fútbol Club Barcelona) y, más concretamente, a lo largo de su última etapa, terminó por empañar el gran trabajo realizado por Rudi García durante su trienio en el cargo romanista; lo que propició que el cambio se antojase completamente necesario. En poco tiempo, el conjunto no solo se ha reenganchado a la pelea por los puestos europeos, sino que además lo ha hecho a medida que se ha ido reencontrando con una identidad que, solo unas semanas atrás, distaba muy lejos de poder recuperarLuciano Spalletti apenas puede apoyarse en ambas manos para contabilizar los encuentros que ha completado como entrenador de la Roma en esta segunda etapa. Sin embargo, la diferente complejidad de rivales con los que ha enfrentado a lo largo de estos diez partidos, ha supuesto que el conjunto giallorosso haya mostrado, en este poco tiempo, ambas caras de una misma moneda. Porque bajo la tutela del entrenador italiano la consigna siempre será la misma: competir por encima de todo. En su debido contexto, esta Roma ha sido capaz de imponerse con cierta facilidad ante rivales más embrollados de lo que realmente refleja la clasificación, pero también de competir, al máximo nivel, ante conjuntos y situaciones de suma exigencia como bien podría ser el Real Madrid en unos octavos de Champions League. Porque además fue aquí, durante los primeros cuarenta y cinco minutos del choque frente al equipo blanco, o en la reciente jornada contra todo un aspirante por la tercera plaza como es la Fiorentina de Paulo Sousa, cuando la Roma mostró una de las versiones más sólidas de sus últimos tiempos.

En sus primera decena de encuentros bajo su cargo, el italiano ya se ha encargado de mostrar hasta tres disposiciones tácticas distintas sobre el césped. Si su debut frente al colista, el Hellas Verona, fue en un dibujo 4-2-3-1, apenas siete días después intentó trabar –sin fortuna– la recuperación de la Juventus visitando Turín a partir del 3-4-2-1, para terminar enfrentando a los de Zinedine Zidane en un 4-3-3 que bien pudo rememorar tiempos no tan lejanos del equipo romano. Sea como fuere, más que una simple cuestión de acoplamiento, este baile estratégico no parece sino encaminado a combatir de la mejor forma posible ante cada rival enfrentado, por lo cual, tampoco resulta casualidad que la mayor radicalización de estos cambios se haya producido ante rivales que, a priori, suponen de una mayor identidad. Pero nada revelaríamos en este texto si nada más confirmásemos a Luciano Spalletti como un estratega de lo más experimentado. En ambos casos, frente a la Juventus y frente al Real Madrid, y pese a que ambos sistemas rayasen completamente distintos, la confabulación táctica sí fue la misma: obstaculizar la circulación rival, incomodar su asentamiento posicional y hostigar, desde la velocidad, los espacios en campo contrario. Si bien es cierto que, en los dos encuentros, el resultado final no fue el deseado, las sensaciones contrapusieron de una forma muy distinta a las experimentadas solo un tiempo atrás en el calendario.

Luciano Spalletti: “Nosotros queremos jugar al fútbol, divertir y si es posible divertirnos. Cuando se consiguen resultados, todo parece verse de otra forma. Esta tarde (habla del partido vs Fiorentina), hemos jugado un gran encuentro contra un rival durísimo: he felicitado a mis chicos, han hecho muy bien las cosas más difíciles; no solo hemos ganado a la Fiorentina, también le hemos conseguido quitar la posesión”.

Si la reestructuración de Rudi García para esta temporada 2015/2016 se edificó a partir de los extremos, los envíos laterales y un rematador nato dispuesto a hacer tocar la red en cada oportunidad desde dentro del área; ahora, con Luciano Spalletti, la estrategia romana parece ir encaminada a canalizar el caudal ofensivo desde una zona más interior. Aunque en un primer momento, la confianza del italiano pareciese estar completamente depositada sobre el ex ariete del Manchester City, Edin Dzeko, las últimas actuaciones han terminado por reafirmar la opción del ‘falso 9’ como la mejor (y más efectiva) para el combinado giallorossoPartiendo desde atrás, y sin contar a un Wojciech Szczesny que no dispone de mayor competencia que la de su propia exigencia, la figura de Kostas Manolas ha sido una de las encargadas en dar un paso adelante desde la llegada de Spalletti. Acompañando a Antonio Rüdiger, al que a veces se le parece estar alargando algo más de lo esperado su adaptación al Calcio –y quien no podrá estar en el encuentro de vuelta frente al Real Madrid, debido a una lesión muscular, el griego se ha asentado como líder de la defensa giallorossa. En aspectos puramente defensivos, pero en los que conciernen a completar la estrategia también en el lado contrario, Manolas parece estar siendo parte de la solución a la que desde un primer momento competió ser la debilidad número uno de esta nueva Roma: la parcela defensiva. En esta zona más baja del terreno, donde el recién incorporado Ervin Zukanovic a buen seguro podría remplazar la ausencia del central alemán, también merece ser mencionado el incombustible trabajo de Alessandro Florenzi quien, con la línea de cuatro atrás, ha vuelto a ser relegado al lateral derecho –tras migrar desde el extremo hasta la defensa, previo paso por el carril y el interior del mediocampo–, y el de Lucas Digne en el sector opuesto al del ‘24’.

Presa de un castigo físico que se discute la culpabilidad entre su edad (32 años) y la azotaina de una alta carga de encuentros, Luciano Spalletti apenas ha podido utilizar a Daniele De Rossi a lo largo de estas primeras semanas. Y, cuando lo ha hecho, ha sido como parche de estabilidad sobre la zaga anteriormente mencionada. Sin De Rossi disponible y a la espera de la total recuperación de Kevin Strootman, las manijas de un mediocampo a veces convertido en doble pivote pero actualmente formado por un clásico trivote (de un pivote y sus dos interiores, el mismo dibujo que ya utilizó Rudi García en su momento) han recaído sobre el siempre cumplidor Seydou Keita y el bosnio Miralem Pjanic. Como no podía ser de otra forma, dada su calidad y cualidades técnicas, éste es sin duda otro de los nombres con mayor protagonismo desde la llegada del italiano. Acostumbrado a ser un interior con retorno en los tiempos de Rudi García, ahora Pjanic supone muchas veces el primer hilo de pase entre la defensa y el mediocampo, lo que sumado a su buena capacidad lanzadora, no solo a balón parado sino para también hacer correr al equipo y activar así su principal arma ofensiva, lo erigen como una de los pilares del actual entramado giallorosso. Pero no podemos avanzar de la zona más ancha del campo, sin mencionar al elemento que más espacio ocupa en la misma. Si bien en las primeras semanas de Spalletti, Nainggolan fue utilizado en una doble mediapunta junto a Salah, su presencia en dicha zona no fue ni mucho menos fruto de la improvisación. El belga, caracterizado por poseer uno de los temperamentos más hiperactivos del Calcio, supuso el escalón más alto en el ejercicio de la presión. No obstante, la reorientación del equipo al 4-3-3 lo ha devuelto a su interior izquierdo, donde recupera, muerde y también llega. 

Luciano Spalletti celebra con Miralem Pjanic. Foto: www.zimbio.com

Pero como decíamos, la mayor esencia futbolística que desprende esta nueva Roma de Luciano Spalletti nace a partir del tridente ofensivo. Si bien Miralem Pjanic, dado su buen manejo de ambas piernas, ha descubierto una mayor efectividad en su juego a raíz de su preciso desplazamiento, éste ha encontrado sus mejores frutos en las tres flechas ofensivas: Stephan El Shaarawy, Diego Perotti y Mohamed Salah. No del todo contento con su fútbol a lo largo de su última etapa en el Genoa, Diego Perotti sí parece haber encontrado sentido a su juego con Spalletti. Lejos de las vertiginosas actuaciones en banda, que bien firmó en el Sevilla o en su primera etapa en el propio club genovés, el argentino, más maduro en sus funciones, se ha convertido en toda una herramienta ocupando o, mejor dicho, desocupando la posición de delantero. Porque Perotti ya no se basta de un control orientado para echar a correr, sino que ahora cuando recibe –muchas veces de espaldas y a muchos metros de la portería rival– gira y contribuye en la elaboración del colectivo. Se podría decir que Perotti organiza en su equipo), mientras desorganiza al contrario. “Mi nivel durante las últimas semanas se ha visto claramente mejorado, y esto es gracias a la confianza que Spalletti ha depositado en mí, pero también a que su forma de jugar es la ideal para todo futbolista con mis características”, reconocía el propio futbolista argentino en los micrófonos de SkySports.

Pero si el ‘8’ giallorosso recibe en una zona más interior, El Shaarawy y Salah lo hacen siempre algo más escorados. Y, lo mejor para la Roma, lo suelen hacer a campo abierto. Y es que, aunque suene totalmente incoherente y el poco tiempo de Spalletti aún no hubiese dejado espacio a una evolución algo más franca, al equipo no le ha resultado tan sencillo de alcanzar este pragmatismo cuando, desde su propia pericia, ha tenido que ejercer como déspota del encuentro. A la hora de dominar, pero también de destruir la ofensiva del contrario. Así, por ejemplo, e independientemente del sistema que ordenase sobre el césped, en los encuentros frente al Hellas Verona, la Sampdoria, el Frosinone o el Carpi, la Roma sonrojó sus tremendas carencias a la hora de elaborar más allá de la línea que marca el esférico. Rivales desprovistos de la altura técnica y también táctica necesarios para rebatir el porcentaje de una posesión que, respectivamente, recayó siempre en favor de la Roma: 68%, 56%, 63% y 73%, pero que en todos los casos terminaron por dañar la estructura defensiva del equipo. No obstante, en todos estos encuentros donde el conjunto giallorosso sobó más que su rival el balón, y también en aquellos donde no lo hizo (es decir, Juventus y Real Madrid), la individualidad sobrepuso al colectivo. Porque si a vista de los números los resultados son muy difíciles de mejorar, buena parte de las últimas goleadas firmadas por la Roma (frente al Palermo y la Fiorentina) residen en actuaciones defensivas incapaces de frenar la verticalidad romanista; bien sea por deméritos individuales o simples errores en la organización del conjunto rival.

Pero una vez superado este escalón, lo que argumenta también a favor de la inclusión de un ‘falso 9’ (llámese Perotti, llámese Totti) capaz de agilizar estos trámites de dominio posicional, es a partir de la verticalidad de Salah y El Shaarawy donde la Roma está consiguiendo echar a volar. Punzantes en sus recepciones y completamente sangrantes en sus finalizaciones, ambos futbolistas suponen el arma más afilada del equipo. Acostumbrados a recibir en zonas más laterales, los dos futbolistas poseen multitud de recursos para volcar al equipo, pero también de hacerlo respirar cuando la ocasión lo exija. Bien para atacar por fuera o, simplemente, para terminar depositando el peligro en el vacío 'del 9' que asegura la presencia de Perotti, la suma de El Shaarawy desde la izquierda y Salah desde la derecha, ya registran 16 goles y 3 asistencias. De los cuales, 5 tantos y 2 pases de gol en sus últimos 6 encuentros disputados, completan las cuentas de un Stephan El Shaarawy que, desde su regreso del conjunto monegasco, pronto ha conseguido embolsarse a la siempre complicada afición del Olímpico. Y es que, a tres meses vista de que el esférico eche a rodar sobre el pasto francés, el italo-egipcio, por estado de forma, es un serio candidato a completar los veintitrés de Antonio Conte. Pero a su vez, no solo aprovechan sus posiciones en banda para atacar sino que, ante escenarios de mayor acoso por parte del rival (como bien podría ser el Real Madrid en Champions), también han demostrado sumar uno más en defensa. Asimismo, y además de recuperar un instinto competitivo de antaño, éste haya sido el otro gran mérito de Luciano Spalletti hasta el momento: recuperar la versión más prolífica de algunos nombres propios en diferentes partes del campo. Y es que, llegados a este punto, terceros clasificados, con serias aspiraciones de poder repetir presencia en la próxima edición de la UEFA Champions League y a solo cinco puntos de la segunda plaza, muchos en la capital de Italia ya se preguntan qué hubiese podido ser de este equipo si el regreso del italiano se hubiera producido con algo más de margen en el calendario.


*Luciano Spalletti explica a través de un vídeo, en plena rueda de prensa, la importancia de Mohamed Salah. 
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