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DE LA MANO DE MIHAJLOVIC

Con solo dos derrotas en sus últimos 20 partidos, cosechando 18 puntos en sus 8 encuentros disputados en la segunda vuelta (siendo el tercer equipo en la competición que más está puntuando en este aspecto), sumando en sus últimos 9 enfrentamientos de forma consecutiva (algo que no conseguía desde abril de 2013), firmando un 2016 con 8 victorias, 4 empates y una sola derrota, rascando 8 puntos frente a cuatro de los cinco mejores clasificados de su liga y con un balance de 23 goles a favor y 8 en contra; cualquiera que pudiese leer este conglomerado estadístico bien podría pensar en la lógica racha de un equipo grande o, quizás, en la irrupción de una virtuosa revelación. Pero nada más lejos de la realidad, y viendo de cómo y de dónde proviene nuestro principal protagonista, deberíamos aceptar ambas respuestas. O, mejor dicho, una mezcla de las mismas.

Los jugadores del Milan celebra uno de los goles esta temporada. Foto: SkySports

Pero por si acaso queda alguien no del todo persuadido ante tal racha, el batiburrillo numérico anteriormente expuesto blande una mayor relevancia si se contrapone al de los primeros meses de esta misma temporada: 3 victorias, un empate y 4 derrotas fue el balance del conjunto en sus ocho primeras jornadas. En el aspecto goleador, los números cosechados por aquel entonces de 11 a su favor y 14 en contra distan de las apenas 5 ocasiones en las que ha tenido que recoger el esférico de su propia red a lo largo de esta segunda vuelta. Se marchó sin puntuar de sus tres enfrentamientos con los cinco mejores del momento y, en términos de clasificación, actualmente ha conseguido reducir una diferencia de siete puestos a su favor. Además, en la entidad que muchos a buen seguro ya habrán alcanzado a adivinar –sin necesidad de imágenes ni titulares en el texto–, esta semana la celebración se ha extendido hasta al palco, donde su presidente sopla 30 prolíficos años desde su desembarco; al césped, donde su guardameta ha hecho lo propio con sus 17 primaveras; y a la grada, donde las inscripciones vuelven a ensalzar una comunión algo deteriorada en los últimos años. Porque la representación de estos números, sumada a la clasificación de su primera final copera de los últimos 13 años, bien podrían servir como argumento para concluir un letargo algo más extenso de lo esperado. En efecto, hablamos del actual Milan de Sinisa Mihajlovic.

Como ya hemos tratado de explicar, la llegada del serbio y la lenta adaptación de sus nuevos conceptos provocó en el equipo una situación lo más parecida a la de sus últimos tiempos: ni cómo, ni adónde, ni con qué, ni para qué. Sin embargo, tras estas ocho primeras jornadas de la segunda vuelta, el Milan ocuparía el tercer puesto de una hipotética clasificación; solo Juventus (con 22 puntos) y Roma (con 19) han conseguido puntuar de forma más positiva que las 18 unidades conseguidas hasta el momento por el cuadro rossonero. Si bien durante el arranque de la campaña Mihajlovic decidió formar con un 4-3-1-2 lo más parecido al de su última etapa en la Sampdoria, la inconclusa adaptación de un futbolista como trequartista, la necedad goleadora de uno de sus puntales ofensivos y, sobre todo, la fragilidad expuesta a las espaldas de su mediocampo, terminó por ilustrar un nuevo dibujo: el del 4-3-3. La conclusión a este cambio posicional resultaba evidente. La nueva instrucción buscaba una nueva forma de organización que, de forma análoga, terminase por derivar en una mejoría futbolística pero también anímica de la plantilla.


Sinisa Mihajlovic: “Sabemos que somos un equipo con buen ánimo y juego, que cree siempre desde el primero hasta el último minuto de cada encuentro. Eso sí, debemos mejorar a la hora de aprovechar nuestras oportunidades, debemos cerrar los partidos cuando tengamos oportunidad para hacerlo”.

Ahora bien, la idea de eliminar al mediapunta para incluirlo en uno de los extremos, tampoco terminó de cuajar. Si bien durante un primer momento, Alessio Cerci pareció dar signos de una mejoría lo más cercana a la de sus tiempos más gloriosos bajo las órdenes de Giampiero Ventura, el esbozo del nuevo proyecto se quedó en nada más que eso, un boceto, que, como si de un espejismo se tratase, terminó por diluirse. Sin embargo, y aunque por aquel entonces la noticia estuviese en el bisoño inquilino que llegaba para habitar el histórico arco del cuadro rossonero, el arranque del año 2016 fue la gestación del Milan más sólido de los últimos tiempos. El serbio que, tiempo atrás ya había instaurado el actual 4-4-2, quiso dar una vuelta más de tuerca con la intención de comandar un equipo compacto, solidario y, por fin, seguro. Como decíamos, Gianluigi Donnarumma, cumplió 17 años la semana pasada, pero todos los análisis del espigado guardameta concuerdan en que su edad no es más que un detalle secundario viéndole jugar. El italiano, ya delegado por los más optimistas como futuro cancerbero del cuadro Azzurro, es todo un seguro en cada envío por alto; tanto para blocar como para terminar despejando. Pero también, con el paso de las jornadas, se le ve mucho más suelto cuando recibe el balón rodando. Y es que, su momento, supone el mejor termómetro para representar al actual Milan: once trabajadores dedicados a la profesión del fútbol, repletos de una gran confianza canalizada a terminar de levantar a este gigante en su totalidad.

Pero este joven de Castellammare no ha sido la única irrupción positiva en los últimos meses, puesto que otros nombres como Bonaventura, Romagnoli, Niang, Kucka, Honda o el siempre fiable Carlos Bacca, son también sostenes de esta actual fase de expansión milanista. Si hace solo unos meses, el Milan navegaba (sin rumbo fijo) gracias a compaginar individualidades de algunos de estos nombres, ahora, la situación es muy distinta. El equipo es solo uno, y el premio de tal sincronizado braceo no es otro que el tercer y último puesto que da a acceso a la UEFA Champions League, tal y como reconocía el propio Mihajlovic a la conclusión del último encuentro liguero (frente al Torino): “No es fácil enfrentarse ante un equipo que se cierra, pero si no te arriesgas a desbloquear la defensa el partido acaba siendo un empate. Si echamos un vistazo a la clasificación, tras los 8 primeros encuentros de la temporada habíamos conseguido 10 puntos, y ahora en la vuelta ya hemos conseguido hacer 18. Debemos continuar así: en los próximos partidos se sabrá si podemos optar al tercer puesto. Yo sí creo, y el equipo también”.

Sinisa Mihajlovic celebrando durante esta temporada. Foto: Gazzetta.it

Y en esas, en la materialización de esos conceptos, se encuentra ahora mismo el equipo lombardo. Son apenas siete encuentros desde que la segunda vuelta echase a andar, y el Milan ya ha conseguido derrotar –e igualar el golaveraje particular– a la Fiorentina (2-0) y golear a su archienemigo, el Inter de Roberto Mancini (3-0). Sin embargo, y pese a que estos resultados fuesen cosechados ante rivales directos en su objetivo por los puestos europeos, el mayor de sus logros recaló en el resultado, pero sobre todo en el planteamiento, dispuesto a finales del pasado mes de febrero en el San Paolo de Nápoles. El entramado defensivo que, en aquel día, dispuso Sinisa Mihajlovic para contrarrestar la valerosa verticalidad del conjunto partenopeo terminó por enaltecer el primero de los grandes logros del entrenador serbio desde que jurase su cargo en el banquillo rossonero: el Milan, por primera vez desde hace mucho tiempo, vuelve a saber cómo defender.

En aquel encuentro, el enlace no fue otro que mantener al Napoli lo más alejado del área de Donnarumma, a través de las dos habituales líneas de cuatro. Honda y Bonaventura, sin duda, dos de los pilares de este sistema actual ya no solo se propagan en ataque sino que también desde hace varias semanas han pasado a descolgarse hacia atrás. De esta forma, y manteniendo bien controlado cualquier tipo de rechace que pudiese terminar en el balcón de los tres cuartos de campo (donde la segunda línea del Napoli supone una gran amenaza para cualquier rival), obligaba a que no solo los puntales ofensivos del conjunto de Sarri recibiesen con una postura del cuerpo antinatural para el movimiento más efectivo, sino que también se veían obligados a participar sin mayor apoyo que el de su propia idiosincrasia. Y este sumo ejercicio de sincronización defensiva encuentra en Juraj Kucka, uno de sus máximos baluartes. Acostumbrado a tener algo más de recorrido durante su última etapa en Genoa, es ahora, y de la mano de Mihajlovic, cuando el eslovaco se está erigiendo como uno de los mejores controladores defensivos del Calcio actual.

Sin embargo, y como en toda fase de reconstrucción, el equipo aún acusa algunos conceptos a la hora de atacar. Si bien los 31 años de Riccardo Montolivo no están dejando rendir al futbolista en la plenitud de sus facultades –tanto para atacar, como para ayudar más atrás–, es ahí donde se perfilan uno de los mayores problemas del actual Milan: atacar de forma estática. Por todos es sabido que Carlos Bacca es un bastión fundamental en aquello de romper a los espacios o engrandecer su autonomía, dos cualidades muy relevantes a la hora de ganar profundidad sobre el terreno rival, pero la actual baja de Niang (uno de los puntos más móviles en el Milan y pieza esencial en los planteamientos de Mihajlovic, hasta el momento de su lesión; espacio que, por características de movilidad, debería recalar sobre el ya recuperado Jérémy Ménez), las diagonales de Bonaventura y Honda al espacio interior –puesto que juegan a pierna cambiada–, obliga a que sean tanto Abate como Antonelli los apoderados de cargar el área desde los envíos laterales. Por ahora, una vez recuperado el nivel defensivo a lo largo de las últimas semanas (gracias, en parte, al buen momento de forma de futbolistas como Alex o Zapata, y el intocable Alessio Romagnoli), y mantenido la racha goleadora de un Carlos Bacca que ya suma 15 tantos, el Milan ha encontrado recursos tácticos, pero también mentales, con los que exaltar la reconquista de su hábitat natural
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