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EL ARSENAL NO TERMINA DE CREÉRSELO

Ni el golpe emocional que pudo suponer el vencer (2-1), el pasado lunes, a todo un rival directo por el título como es el Manchester City; ni la caída del Leicester en Anfield en uno de los platos principales de la jornada en el Boxing Day; ni la mala racha del rival al que hoy visitaba; ni, por supuesto, la buena tendencia del conjunto a lo largo del último mes, fueron motivos suficientes para empujar al Arsenal hacia el liderato de la Barclays Premier League.

Los jugadores del Southampton celebran uno de los goles. Foto: Fourfourtwo.com

Contra todo pronóstico, el conjunto Gunner desaprovechó la oportunidad de recoger el testigo en la liga inglesa, tras el segundo tropiezo de los de Claudio Ranieri en lo que va de temporada. Y es que, pese a la derrota del combinado Foxy a manos del Liverpool, el Leicester se mantendrá una jornada más –y acabamos de cerrar la dieciocho– aferrado a la cima de la tabla. Y será gracias, en parte, a la estrepitosa caída del Arsenal por cuatro goles a cero frente al Southampton. Una derrota, que bien puede sorprender dadas las tendencias de uno y otro equipo, puesto que los de Ronald Koeman no conocían la victoria en sus últimos seis encuentros (entre Premier y Capital One), mientras que el Arsenal no recibía el amargo sabor de la derrota desde hacía algo más de un mes, cuando cayó derrotado a manos del West Bromwich Albion (2-1); desde aquel entonces, el cuadro londinense acumulaba en su casillero cinco victorias –dos de ellas en partidos de Champions League– y un solo empate.

Sin embargo, y desde hace ya bastante tiempo, los aficionados del Arsenal se han dejado de echar las manos a la cabeza ante este tipo de escenarios. Más allá del resultado encajado (un 4-0 que no se había vuelto a producir desde el año 2000), o la incomparecencia ante un liderato prácticamente servido en bandeja; la sensación que carraspea en todos y cada uno de los paladares que comulgan con el equipo Gunner es la de haber vuelto a dejar escapar una brillante oportunidad, quién sabe si de oro, en los anales del cañón más conocido del fútbol.

“Ganar el título consiste en tener la consistencia para pelear en todos los partidos, por sencillos que sean, y actuar siempre de la mejor manera. El de hoy fue un partido de lo más físico, y nosotros no jugamos lo suficientemente bien como para llevárnoslo”, reconocía el propio Arsène Wenger ante los medios en su salida de Saint Mary’s. Y lo cierto, es que en apenas un par de oraciones, que sacadas de su contexto bien podría parecer simples clichés futbolísticos, el entrenador francés resumió a la perfección la actuación (y actitud) de los suyos en el encuentro. Si a lo largo de los últimos días, el propio Mesut Özil reconocía que como mejor se sentía jugando el Arsenal era mostrándose compacto en sus propias dimensiones del terreno para después poder transitar de manera vertiginosa, esta vez el escenario fue muy distinto. Obstaculizando la salida de balón y agujereando los espacios con una precisa verticalidad, de principio a fin, el Southampton fue un torbellino para el Arsenal. La ausencia de Graziano Pellè pocos minutos antes de que se produjera la confirmación oficial de las alineaciones, no supuso problema alguno en las intenciones de un Koeman que, pese a no poder contar con su referencia ofensiva titular y uno de los jugadores más técnicos de toda la plantilla, decidió encomendarse a la velocidad de su frente ofensivo.

"Normalmente, me muestro muy crítico con mis futbolistas, pero a veces la gente necesita saber lo que pensamos los entrenadores. Mostramos una fantástica confianza en todo el mundo y, sobre todo, enseñamos cómo podemos hacerlo en nuestra mejor versión. Creo que el segundo tiempo fue mucho mejor que el primero, hicimos muy buenos goles y quizás tuvimos más oportunidades para haber marcado alguno más". Ronald Koeman, tras el Southampton-Arsenal. 

Tanto Wanyama como Clasie refrenaron toda circulación Gunner; Martina y Fonte, ambos miembros de la defensa, se encargaron de lapidar en sendas incorporaciones la portería de Petr Cech; mientras que un incontrolado Sadio Mane y un acertadísimo Shane Long, terminaron por destapar una de las versiones más apáticas de los de Arsène Wenger en lo que llevamos de 2015/2016. Pero, en estas fechas, el calendario de la Premier League no solo fatiga plantillas, sino que también ayuda a revertir cualquier crisis emocional. Y es ahí, donde reside la mejor de las noticias para el Arsenal: en solo un par de días, Leicester y Manchester City se verán las caras en el King Power Stadium, por lo que Wenger y los suyos contarán con una nueva oportunidad. Sin demasiado margen para el error. El enfrentamiento entre los de Ranieri y los de Pellegrini, y la cita del Arsenal con el Bournemouth, no solo podrá desencadenar que el conjunto londinense duerma en la primera plaza de la Premier; sino que será una nueva ocasión para convencer, tanto dentro como fuera del Emirates, que el Arsenal cree sentirse candidato para acabar levantando el título. 
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