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LA CANDIDATURA DEL OLÍMPICO

Tras realizar una gesta histórica en Francia, y levantar Liga y Copa con el LOSC Lille en una misma temporada, Rudi García aterrizó en Roma durante el verano de 2013. Séptimo entrenador giallorosso en la última década, la incorporación del francés supondría la piedra angular de un proyecto que, basado en la continuidad, fijó su objetivo en la ocupación que los clubes de Milán, víctimas de su decadencia, empezaron a desocupar. A la larga, el vacío no sería otro que competir con la Juventus en la carrera por un título que, bien por las salidas del conjunto turinés, o por las incorporaciones de un proyecto romanista cada vez más asentado, será en la 2015/2016, en la tercera temporada del francés a los mandos de la Roma, el más igualada de los últimos años. 

Los jugadores de la Roma celebran el tanto del empate. Foto: 90min.es

En su paso por el Olímpico, el de Nemours se ha mostrado inamovible en su idea táctica acerca del 4-3-3, del dominio a través del esférico, en la salida con los interiores bien abiertos, en la movilidad del teórico punta y en la verticalidad de cada extremo. Un estilo, que dadas las circunstancias en cuanto a las salidas de Adem Ljajic y Mattia Destro –dos futbolistas que en la Roma pisaron costados sin nunca llegar a serlo– y a la cada vez más cercana despedida de Francesco Totti –quien con el paso del tiempo, ha acabado adecuando su posición a la de un centrocampista algo más adelantado–, han abierto de par en par las puertas a la variabilidad. Si hace unos meses, víctima de su autodeterminación por salir a dominar con cada rival, recibió una de las derrotas más abultadas que jamás ha visto la Champions League (1-7 frente al Bayern Múnich), el pasado sábado frente al Frosinone donde partió desde un 4-2-3-1, o anoche, frente al FC Barcelona con un 4-5-1, demuestran que la adaptación de la Roma es, sin duda, síntoma de una madurez que con el tiempo acaba floreciendo en forma de candidatura. 

Falque, Salah y Dzeko, el mejor tridente de los últimos tiempos para la Roma:

Acostumbrados a que el poderío ofensivo se centrara en que futbolistas como Ljajic o el propio Gervinho finalizaran sus acciones mediante diagonales, o a la incorporación en segunda línea por parte de los interiores, la llegada de Iago Falque, Mohamed Salah y Edin Dzeko supone un nuevo y necesario relevo en la forma de atacar. Y es que, pese a que el bosnio sepa traducir de su envergadura un eficaz recurso para combinar con la mediapunta, su presencia dentro del área supondrá el mayor enemigo de toda defensa rival. Un recurso que, en la profundidad de Falque y Salah, quienes tanto por regate como por velocidad, saben pisar línea de fondo, encontrará su mejor complemento a los espacios, o en ataques prolongados de un dominio territorial de movimientos estáticos. 

Disposición inicial de la Roma en el partido. Sharemytactics

Pero, no solo en el plano atacante mejora la Roma con el aterrizaje del español y del egipcio. En el marco defensivo, la plasticidad de ambos futbolistas, supone un arma de doble filo para Rudi García. Acostados en los laterales y cercanos a la vigilante marca que Nainggolan y Keita ejercieron de los interiores, el liderazgo que Daniele De Rossi poco a poco fue erigiendo durante el encuentro, sumado a la precisa anticipación de los centrales y a la capacidad de resistencia que Digne y Florenzi proyectan desde la defensa, formaron un bloque tan sólido que empujaron a la desconexión de un FC Barcelona, que esta vez, ni la zurda de Leo Messi fue capaz de recuperar.
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