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NUEVO MARISCAL EN EL ETIHAD

Al fin, la imagen de Txiki Begiristain junto a Nicolás Otamendi ha cerrado uno de los mayores culebrones del mercado estival. El central, que llegaba en una especie de traspaso puente procedente del Atlético Mineiro, acabó reinando en la Liga de los Sergio Ramos, Gerard Piqué o Diego Godín. Una tarea que, sumado al escaparte que supuso su regreso con la albiceleste a la Copa América, acabó seduciendo a tantos equipos que ni los celos de Mestalla pudieron evitar una ruptura vaticinada desde hace varios meses. El Real Madrid, el Manchester United e incluso el Bayern actuaron como pretendientes de un baile, en el que casi todas las veces, el dinero y las apariencias se traducen en conquista.

Nicolás Otamendi con los colores de su nuevo equipo. Foto: Manchester City


Intuitivo en el choque, agresivo en la marca y portentoso en el juego aéreo. Son algunas de las características que, a priori, dan sentido al aterrizaje de Otamendi en la Premier League. Pero esta vez, ni compartirá posición con Shkodran Mustafi, ni pizarra con Nuno Espirito Santo. Y quizás, este último, haya sido el máximo valedor de su asombrosa proyección. Su aletargada reacción en el uno contra uno, y su lentitud en la carrera hacia los espacios, suponen las dos primeras contrariedades con las que Pellegrini deberá compensar el sistema citizen. Más aún, tras sus dos primeros partidos de la temporada, donde pese a golear y mostrar una de las versiones más convincentes por la carrera hacia el título, el Manchester City permitió demasiados metros a la espalda de su defensa. Metros que, tanto West Bromwich Albiol como Chelsea no pudieron explotar. Con los que Touré Yaya no parece estar puesto a lidiar. Y con los que Otamendi y Vincent Kompany acabarán sufriendo, si ninguna variación táctica los acaba corrigiendo.

Más allá de las diversas trastadas que unas piernas regateadoras puedan ejercer sobre las caderas de Otamendi, el fichaje, sumado al de Raheem Sterling -con quien para gratitud del argentino, compartirá camiseta y no rivalidad-, reforzarán desde las dos zonas de influencia (defensa y ataque) el ambicioso proyecto del azul de Manchester que no se conformará con apuntar solo hacia el título liguero. Proporcional al salto que, a priori, argentino y club inglés realizan de la mano, supone el agujero que se queda en la defensa del Valencia. Una carencia, que tan solo por el marco emocional, el cada vez más cercano cierre de mercado difícilmente podrá reemplazar. Resuelta de manera oficial la ruptura; Otamendi posa sonriente, mientras que el Valencia nada a contracorriente. Veremos quién es el primero en echar de menos. 
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