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PASTORE SE EXHIBIÓ; AGÜERO DECIDIÓ

Argentina y Uruguay se dieron cita en la segunda jornada del Grupo B, de esta Copa América 2015. El enfrentamiento entre selecciones, más histórico del fútbol, llegó con el partido de anoche a sus 200 repeticiones. Un duelo muy intenso, con pocos goles, pero mucho ritmo, ocasiones, y alguna que otra entrada a destiempo. Esta vez, se lo llevó una selección albiceleste que deberá asegurarse la primera plaza del grupo en la última jornada frente a Jamaica. Por su parte, la selección de Tabárez, se jugará ser segundo o tercero –con el riesgo o no de clasificarse–, frente a una Paraguay que en el choque inaugural del día, justa de méritos, se llevó la victoria (1-0) frente a la selección dirigida por Winfried Schäfer.

Argentina venció a Uruguay. (Foto: Télam)
Kun Agüero y Diego Godín pelean por un esférico. Fuente: mundod.lavoz.com.ar

El ‘Tata’ Martino modificó dos variantes con respecto al tropiezo del choque inaugural: Lucas Biglia ocupó desde el inicio la posición de Banega en mediocampo y, Pablo Zabaleta, recuperó la titularidad de su lateral diestro en detrimento de Facundo Roncaglia. Y la cosa funcionó, puesto que Argentina no solo mostró su cara más dominadora durante gran parte del encuentro, sino que además, los cambios resultaron decisivos en el devenir del encuentro. Armados en un esquema lo más parecido al 4-3-3, Lucas Biglia y Javier Pastore se encargaron de escoltar desde los interiores la salida de balón. Una vez más, Mascherano ejercía como pivote; partía desde los centrales y, además, servía como ancla, siempre tratando de ocupar la espalda de sus compañeros en mediocampo. Su capacidad en el manejo de la posición, acompañado de una de las zagas más compensadas que ha tenido la selección albiceleste en los últimos años, consiguió contrarrestar los primeros y tímidos zarpazos con los que Uruguay intentó arañar en los primeros compases del primer tiempo. Rolán y Cavani representaban los hombres más adelantados de una selección uruguaya, que tenía en Álvaro González a su única variante con respecto al partido de la primera jornada.

Replegada en una especie de simbiosis entre el 4-4-2 y el 4-2-3-1, fue Javier Pastore el encargado de rajar el planteamiento de Tabárez. El futbolista del PSG (que ya dejó muy buenas sensaciones frente a Paraguay) siempre recibía por dentro, y con dos simples toques: uno para recibir y otro para acomodarse el balón, era capaz de hacer sangrar la espalda de Álvaro González y Arévalo Ríos en la zona de tres cuartos de campo. A estos movimientos, precedidos siempre por el toque vertical de Lucas Biglia, se decidieron unir Leo Messi y Ángel Di María durante la primera mitad. El futbolista del Manchester United, como el del Fútbol Club Barcelona, intercambiaron posiciones; tanto de centro, como de los costados. Y esa veloz hiperactividad fue la que que Uruguay, durante numerosas fases de los primeros cuarenta y cinco minutos, solo era capaz de responder con el movimiento de sus ojos, y no de sus piernas. Pero, si alguien estuvo realmente bien por parte de los uruguayos, fue Diego Godín. El central del Atlético de Madrid, acompañado por su aún joven escudero, José María Giménez, se encargó de obstaculizar e incomodar a un Kun Agüero impotente ante cualquier movimiento. De esta forma, Argentina dominó la primera mitad, fue paciente con el esférico, supo hacer bascular de un lado a otro al conjunto rival, pero fue incapaz de intimidar la portería de Muslera. Algo, que sí consiguieron los de Tábarez. Pues pese a su falta de iniciativa y su bajo repliegue, rondó los tres postes de Sergio Romero, bien a los espacios, o en jugadas a balón parado. En definitiva, y para que se entienda, fue como si Uruguay estuviese jugando con la camiseta del Atlético de Madrid.

Planteamientos iniciales de Argentina y Uruguay. Fuente: Sharemytactics

Nada más empezar la segunda mitad, una internada de Maxi Pereira por el costado que acabó repelida por los puños de Sergio Romero, hacía presagiar que los guiones se iban a alborotar con respecto a los de la primera mitad. Pero, nada más lejos de la realidad, Argentina volvió a disfrutar de mayor peso en el encuentro. Messi seguía atrayendo rivales, Pastore conseguía enfriar y Zabaleta romper por el costado. Un preciso movimiento en cadena, al que se le sumó la salida de Diego Godín de su posición, y el posterior e inapelable remate del Kun Agüero en el fondo de las mallas. En la única clara que dispuso el argentino del Manchester City, y en el único fallo que se puede achacar al ‘3’ de Uruguay durante todo el encuentro. Era, y sería, el único tanto del encuentro. Y fue ahí, con el gol, cuando todo pareció embocar al descontrol. Argentina no volvió a adueñarse de la posesión –algo parecido a lo que le ocurrió frente a Paraguay–, y Uruguay a base de físico y mucha intensidad, consiguió apropiarse del dominio, hasta arrinconar a los del ‘Tata’ Martino contra su propio área. Fue Otamendi, fue Garay, fue Zabaleta, fue Romero, fue el fútbol, o la suerte en ese remate de Rolán que se marchó incomprensiblemente por encima del larguero… pero Argentina acabó llevándose un encuentro que en ocasiones bien recordó al del pasado sábado. En definitiva, una muy completa versión ‘albiceleste’ durante la primera mitad, pero un incompresible bajón propiciado por su incapacidad para resolver y dormir los partidos durante el segundo tiempo. Sin duda, el punto más débil de esta Argentina que por sensaciones, se mantiene como la favorita del torneo. 

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