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Nicolás Otamendi; el Káiser de Mestalla

Vengo con mucha ilusión, muy feliz, porque al ser uno de los centrales y uno de los (defensas) más caros del club, espero poder retribuir el esfuerzo que ha hecho el presidente Amadeo, y Rufete por traerme. El objetivo es que el Valencia pueda crecer poco a poco. Pero eso, hay que demostrarlo dentro del campo”. Con un tono serio, pero tranquilo, se presentaba por primera vez ante los medios, y ya oficialmente como futbolista del Valencia, Nicolás Otamendi. Introvertido delante de los micrófonos, pero todo lo contrario, cuando es un balón dividido lo que hay de por medio.


Nicolás Otamendi durante un partido esta temporada. FOTO: Infobae



A cambio de doce millones de euros, el conjunto valencianista se hizo con los servicios del argentino. Una operación que se cerró en el mercado invernal del año pasado, pero que sin embargo, la falta de plazas extracomunitarias obligó a que el central, tuviese que hacer las maletas y alquilarse durante unos meses un hueco en la plantilla del Atlético Mineiro. En Brasil disputó 19 partidos, siempre como titular y sin reposar ni un solo minuto en el banquillo. Algo que sorprendentemente, no fue suficiente para que Sabella decidiese incluirlo en la lista albiceleste para la Copa del Mundo celebrada el pasado verano.  


El nuevo Káiser de Mestalla:
Emiliano Moretti, Raúl Albiol, Alexis Ruano, Ricardo Costa, Víctor Ruiz, Adil Rami o Jéremy Mathieu, son solo algunos de los muchos centrales que han intentado remplazar al último gran mariscal que vistió la camiseta valencianista: Roberto Ayala. Durante siete temporadas, el compatriota de nuestro protagonista se convirtió en uno de los estandartes y uno de los mejores defensores históricos del feudo de Mestalla. Su inesperada salida del club, provocó un vacío que hasta la fecha, parecía irremediablemente destinado a permanecer desocupado. Hasta que apareció él. Su rasurado corte de pelo y su enorme corpulencia atlética, impregnada de unos tatuajes –que el doblez de sus mangas no tratan de ocultar–, han ayudado a generar la imagen de un defensor voraz, incorruptible, impasable y que en apenas unos meses de competición, se ha ganado el cariño de toda una afición, que con buenos ojos, ya ve en Nicolás, a su Otakaiser particular. 
 

Siempre atento en el corte, habilidoso en el tackle, feroz en el cuero dividido e irrefrenable en el espacio aéreo; la regularidad de sus acciones, muchas de ellas en escenarios o ante rivales de gran identidad (como el Real Madrid, el Sevilla o el Atlético de Madrid), han conseguido que el argentino no solo encuentre adeptos dentro de su propia afición. Y es que aprovechando el irregular rendimiento de centrales que vive actualmente la liga española –y donde solo el Gerard Piqué de los últimos meses se le consigue acercar–, el contagioso espíritu sacrificador que sangra y hace sudar Otamendi, en uno de los mejores conjuntos valencianistas de los últimos años, lo convierten, sin ninguna duda y hasta el momento, en el mejor central de la Liga BBVA


Una jornada menos. Una exhibición más:

Esa es la tónica, que ya ha dejado de ser noticia, en el habitual rendimiento de Nicolás Otamendi con la camiseta del Valencia. Y hasta el momento de su más que cuestionable expulsión de San Mamés, el examen, iba encaminado a repetir la excelencia. Más que notable, en su tarea de defender a un Aritz Aduriz, al que incluso en una ocasión sobre la línea llegó a cerrar el rugido del gol, cuando éste parecía irremediable, los ochenta y tres minutos que estuvo sobre el césped fueron más que suficientes para completar: un 74% en pase –muchos de ellos desplazamientos en largo, con los que oxigenó la salida de balón–, 6 tackles (83%), 5 duelos aéreos (72%), 2 recuperaciones, 12 despejes (100%), y una sola falta (la expulsión)

Garra, espíritu, liderazgo y pasión, de un argentino llamado a ser el nuevo mariscal de Mestalla, que por ahora, y de cara las próximas temporadas –puesto que tiene contrato hasta 2019–, ya ha encontrado en Nicolás Otamendi, la perfecta imagen de la exigencia a la que agarrarse y por qué no, recuperar la ilusión en las noches grandes. El Valencia es cuarto, en puestos de Champions League, y de la mano de Otakaiser y bajo la pizarra de Nuno Espirito Santo, la próxima temporada quiere volver a ser aquel, que en su día, llegó a intimidar no solo a España, sino a todo el continente europeo.   

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