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Análisis: Atlético de Madrid 0-0 Real Madrid

Con un Real Madrid superior en cuanto a las sensaciones, un Atlético tirano en los seis últimos antecedentes, y el 4-0 liguero aún reciente, los dos equipos madrileños se volvieron a citar, una vez más esta temporada –tras Supercopa de España, Liga y Copa del Rey–, para reeditar la última final de la Champions League. Desde entonces, cuatro victorias, dos empates y un siete a cero en los tres últimos derbis disputados en la ribera del Manzanares, suponían números más que suficientes, como para que Ancelotti, considerase en la rueda de prensa previa al encuentro, como un marrón su rencuentro con Simeone.

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Gabi y Cristiano Ronaldo durante la disputa de un balón. FOTO: Realmadrid.com


De cara al encuentro, y como resultaba evidente, Carlo Ancelotti decidió variar en pocos –por no decir casi ninguno– de los entramados de su organización. Tras el relevo de Keylor Navas y unos cuantos de los titulares en el último enfrentamiento liguero (frente al Eibar), Iker Casillas volvió a partir como guardameta titular. Carvajal y Marcelo ocuparon los costados defensivos, mientras que Ramos y Varane –debido a la aún renqueante presencia física de Pepe– completaron la zaga. En mediocampo; Kroos ejerció como pivote, acompañado de Luka Modric y James Rodríguez como interiores. Gareth Bale retrasó su posición en el costado derecho. Mientras que Cristiano y Benzema, en la parte izquierda y centrada del ataque –respectivamente– completaron el once. Por parte del Atlético, la alta carga de amonestaciones condicionó en cierta medida la decisión inicial de Diego Pablo Simeone. Una vez más, Jan Oblak volvió a ocupar la portería. En defensa; Juanfran y Siqueira fueron los laterales, Miranda y Godín el lugar de los centrales. En mediocampo; Gabi y Mario Suárez –en el lugar del habitual Tiago, en estas ocasiones– ocuparon el doble pivote. Arda Turan y Koke en los costados. Antoine Griezmann y Mario Mandzukic, en la punta del ataque. 

Onces iniciales de Atlético y Real Madrid



El altísimo nivel de Ramos y Varane:

Desde un primer momento, el Real Madrid fue superior en el cómputo global de los primeros cuarenta y cinco minutos. Como era previsible, Simeone replegó las líneas, y colocó la primera línea de presión (Griezmann y Mandzukic) a la altura del mediocampo. Un movimiento que desencadenó a Kroos acercarse a los centrales, por lo que el Madrid disfrutó de una salida algo más cómoda en la circulación. Modric y James se abrían como interiores, y el entramado defensivo del Atlético, obligó –una vez más– a que el Real Madrid centrase sus opciones de ataque en las llegadas laterales. 17 centros, de los cuales solo 3, encontraron un remate. Pero en esas, el totalitarismo aéreo de Godín y Miranda volvió a resultar evidente. Y al cual, a diferencia de otros derbis, la seguridad que Jan Oblak ofrecía tanto por alto, por bajo, por izquierda o por derecha, supusieron las claves para que el Atlético resistiese ante el Madrid más dominador de los últimos siete derbis. Pero no solo el conjunto colchonero supo defenderse, puesto a que liderar la salida de balón, a Varane y a Ramos también hay que otorgarles la responsabilidad de que los de Ancelotti apenas recibiesen contraataques durante la primera mitad. Debido a la superioridad dominante, el Madrid decidió avanzar unos metros, y sus defensores, obviamente también completaron dicho movimiento. Los centrales se acercaron a la línea divisoria de los dos campos. Sergio se encargó de achicar la recepción de los puntas, y la zancada de Raphael se adueñó de los metros a campo abierto. El Madrid se acercaba, incomodaba, pero no agobiaba. A los puntos quizás mereció más. Pero fue entonces cuando se entrevió que ni los invites del último rey del continente iban a ser suficientes para deshacer el engranaje de Diego Pablo Simeone. 


El descontrol en el segundo tiempo:

Fruto de la alta presión, la velocidad en la circulación de balón, y las ocasiones desperdiciadas (o bien atajadas por Oblak, depende de cómo se mire) el Real Madrid bajó de revoluciones en la segunda mitad. El Atlético se aprovechó. Y la cosa cambió. Pocas situaciones de ventaja, descontrol en la salida de balón, y una trifulca defensiva con un objetivo común (Mario Mandzukic) que en ocasiones llegó a vislumbrar la salida antes de tiempo de alguno de los que estaban sobre el césped. En lo meramente táctico: el conjunto rojiblanco fue quién empujó, quien decidió dar un paso hacia delante y quien acabó atosigando la portería de un Iker Casillas al que alguna que otra dubitativa salida por alto, presagiaba que la inseguridad volvía a apoderarse de él. Un segundo tiempo, repletó de imprecisiones, donde el Madrid se excedía una y otra vez con la horizontalidad del pase, donde no era capaz de generar posiciones de ataque –como sí consiguió en la primera mitad– y el Atlético no acababa de encontrar el equilibrio de un Turan y un Koke, que ya han sido más de una vez protagonistas habituales en estas fases del choque. En definitiva, se puede decir que el Real Madrid fue superior en el primer tiempo. Que las tuvo, pero no predispuso. Y que en la sucesión anárquica de fallos que se convirtieron los segundos cuarenta y cinco minutos, el conjunto de Simeone demostró una entereza, fruto de la experiencia, que levantan por todo lo alto las espadas de una eliminatoria, que el próximo miércoles en el Santiago Bernabéu, completará el último de los ocho derbis que se jugarán esta temporada, y que de momento, se traducen en tres empates y cuatro victorias para el conjunto rojiblanco.  

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Griezmann y Ramos pujan por un esférico. FOTO: Realmadrid.com
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