, , , , ,

Análisis: Atlético de Madrid 1-0 Bayer Leverkusen

@AdrianBlanco_


Algo más de doscientos minutos de eliminatoria, repartidísimas posesiones de balón, muchas interrupciones en cuanto a faltas y alguna que otra lesión. Tan solo dos goles durante el tiempo reglamentario de la eliminatoria y pocas, muy pocas ocasiones claras. El BayArena y el Vicente Calderón, han sido protagonistas de una de las clasificaciones más disputadas en los últimos años de la competición. A los puntos, el Leverkusen, fue superior en la ida. El Atlético, con sus armas, lo ha sido en la vuelta. Y en definitiva, los rojiblancos acumularon su vigesimoprimera victoria en veintitrés partidos europeos como local. Y eso, amigos, ya no es cosa del azar. 

Los jugadores del Atlético de Madrid celebran la clasificación. FOTO: Marca.com


Espero un Calderón con el ruido que nos empuja, no espero otra cosa que eso. Deseo que no haya un minuto en silencio del estadio”, con esa arenga, Diego Simeone comenzó a jugar la eliminatoria, desde la sala de prensa previa al encuentro, el argentino quiso que el gol, el único que necesitaba el Atlético para empatar la eliminatoria lo marcase el futbolista número doce de la plantilla. Y así fue. El choque arrancó con el ruido y la intensidad esperados. Los del ‘Cholo’ apretaban, incomodaban y sobre todo asustaban. Quizás, durante los ciento veinte minutos que duró el partido, el Atlético fue incapaz de dominar futbolísticamente, pero sí que lo consiguió emocionalmente. Y de esta forma, llegó el gol. Un mal despeje defensivo, un rechace, un defectuoso disparo de Mario Suárez que pasaba (o paseaba) por allí, mezclado con el aliento de todo un Vicente Calderón y un inesperado toque de –un muy desafortunado– Toprak, fueron suficientes para desviar la trayectoria y hacer cumplir el deseo de todo un estadio, que instruido desde hacía veinticuatro horas, cumplía a raja tabla con el plan establecido.



La lesión de Miguel Ángel Moyá:


Pero no todo iba a ser pasear y soplar. Solo unos minutos antes del gol, Simeone ya se había echado las manos a la cabeza. Y no para celebrar, precisamente. Moyá se retiraba con una lesión en los isquiotibiales de la pierna izquierda y Jan Oblak. Que desde finales de enero, no había vuelto a vestirse de corto, saltó al terreno de juego para sustituir al malogrado guardameta balear. Y la verdad, el destino y su acertadísima versión, le hizo responder. Muy señalado, tras la inseguridad que reflejó allá por el mes de septiembre en el Pireo, su seguridad durante el encuentro, y posteriormente, durante la tanda de penaltis, fueron meritoriamente valoradas por Simeone y su séquito de cincuenta y cinco mil gargantas a sus espaldas. 


La entrada de Raúl García:


“Ellos juegan muy bien el rechace, cortan tu salida en cuanto te demoras y eso es lo que nos pasó en Alemania”.  Enormemente dañado por la intensidad y los espacios, en el partido de ida, Simeone se vio en la obligación de imaginar, pensar, y buscar algo con lo que contrarrestar el poderío alemán. Cani, que hasta la cita, había jugado tan solo algo más de sesenta minutos con la camiseta rojiblanca, entro en la alineación en detrimento del capitán (Gabi). La pizarra quiso sorprender, pero no fue del todo capaz. Sumado a que el baile de nombres, desconcertó más al público que al rival. Y fue en el segundo tiempo, con la entrada de Raúl García, por el ex del Villarreal, cuando el Atlético se estiró. Griezmann pudo caer más hacia el costado, y con la presencia del navarro, la opción del juego directo (sumado a Mandzukic) cobró mayor relevancia. La presencia de Mario Suárez –debido a la sanción de Tiago– incomodó la recepción de Gonzalo Castro y Calhanoglu, por lo que a diferencia de la ida, el Leverkusen no podía correr. No podía salir. Y las bufandas del Calderón, apretaban con mayor intensidad la respiración del rival. Y cosas del destino, y de este bendito deporte; Simeone, que se vio obligado a auto-corregirse de su inicial decisión y en la infortuna (de las lesiones y las sanciones), acabó encontrando parte de la solución.

Bernd Leno y la tanda de penaltis:

Leno saca un balón por alto durante el partido de ida. FOTO: Goal.com

Más allá de las pizarras, de Schmidt, de Simeone o de los papelitos del Calderón, la eliminatoria siempre tendrá el apellido del guardameta alemán. Recordado por dar una soberbia actuación en el partido de ida; el juego aéreo –faceta en la que seguramente el Atlético sea el mejor equipo del mundo– y su inmensa capacidad para blocar cualquier remate rival, sirvieron para que Leno se doctorara en el escenario de la eliminatoria. No cedió en un solo remate. Ni un solo cabezazo. Ni permitió una segunda jugada. Porque además, recordemos que el único tanto que encajó (durante el tiempo reglamentario) llegó de un error de Toprak. Pero llegaron los penaltis, y ni en esas se arrugó. Su alto porte y su indiferente presencia, obligó a los lanzadores del Atlético a calibrar todos y cada uno de sus lanzamientos. Incluso, llegó a detener el que hubiese sido el penalti decisivo de Koke. Pero, fue el fatídico destino de la tanda de penaltis, quien nos hará recordar a Bernd Leno, como el verdadero y único héroe ‘anónimo’ de la eliminatoria.
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario