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Antoine Griezmann cumple doscientos

@AdrianBlanco_


Tímido y bajito. Han sido los dos calificativos más repetidos en la complicada y no tan lejana infancia de nuestro protagonista. Día tras día, campo tras campo y despacho tras despacho, Antoine Griezmann abandonaba cabizbajo, como si de un acto rutinario se tratara, las diferentes ciudades deportivas en las que probaba fortuna. Siempre en busca de una oportunidad que cada jornada, parecía distanciar un poco más el sueño de un jovencito rubio francés, que vivía con la ilusión de algún día llegar a ser futbolista profesional. Pero no fue hasta el año 2003, cuando nuestro joven protagonista en plena disputa de un torneo con las categorías inferiores del Saint-Etienne, se enfrentó a tan ansiado momento. Eric Olharts, por aquél entonces ojeador de la Real Sociedad en el país galo, se acercó al joven y sin la necesidad de mediar palabra, le guardó una pequeña nota en el bolsillo de la cazadora. Una propuesta de puño y letra, que una soleada mañana de París, acogió y transformó en el tren al que Antoine, a sus doce años de edad, decidió subir sin mirar atrás.

Antoine Griezmann celebra un gol durante esta temporada. FOTO: goal.com


A partir de este momento, no todo fue coser y cantar. Lejos de su hogar, de su familia y con un país y una cultura que pronto debía asimilar. Desde su llegada, pasó por todas las categorías inferiores del conjunto donostiarra (Cadete Txiki, Cadete, Easo y Real Juvenil). Hasta que Martin Lasarte, entrenador de la Real, decidió probarle –falto de jugadores– con el primer equipo durante la pretemporada 2009/2010. Griezmann no defraudó, y a sus dieciocho años de edad, se convirtió en el máximo goleador del conjunto durante los meses estivales. Una timidez fuera del campo que pronto fue transformando en desparpajo dentro de él y razón por la cual, el francés acabó obteniendo la ficha del primer equipo y pasó a convertirse en pieza fundamental del ascenso a la Primera División ese mismo año. 


Cinco temporadas, doscientos dos partidos, cincuenta y dos goles y dieciocho asistencias abalaron de muy buena forma el rendimiento de Antoine Griezmann como extremo izquierdo en el conjunto Txuri-Urdin.


La inoportuna lesión de Franck Ribéry de cara al Mundial, se convirtió en el escaparate definitivo para un futbolista al que poco a poco se le fueron acumulando las cartas de amor selladas por diferentes pretendientes. A finales del mes de julio, y mientras Griezmann se distraía con recopilar y analizar la cantidad de propuestas que residían sobre su mesa, en busca del salto que no le hiciese volver por Donostia, sonó el teléfono. En el otro lado de la línea, esperaba la candidata perfecta. La voz rojiblanca, desde la más absoluta discreción –como suele ser habitual en estos casos–, convirtió a nuestro protagonista en el quinto francés en vestir la elástica rojiblanca y el segundo futbolista más caro en la historia del club (solo por detrás de Radamel Falcao). Treinta millones de euros, oficializaron a Antoine Griezmann, como nuevo futbolista del Atlético de Madrid para las próximas seis temporadas. 


"Necesitaba un salto para aprender. Espero aprender muchas cosas de los compañeros y del míster. Intentaremos pelear por todos los títulos y nada más. Como dice el 'Cholo': partido a partido”. Fueron las consignas que el galo dejó en el día de su presentación.


La filosofía, la lección y la idea estaban bien definidas. Y pese al desierto que provocó la salida de ciertos futbolistas en algunas partes del campo, todo iba a seguir igual. El Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone era un equipo en su conjunto. Una máquina perfectamente engrasada donde todos remaban en una misma dirección. Y nadie destacaba por encima del grupo. Esa tarea, acompañada del pensamiento en el día a día y el partido a partido que tantos frutos habían formulado la temporada anterior fueron las primeras lecciones que el francés amamantó del entrenador argentino. Pero como en todos los inicios, la adaptación no fue nada fácil. Seis goles durante los primeros veintitrés partidos (mil ciento doce minutos) que el galo disputó presagiaron y evidenciaron una serie de movimientos imprecisos, gestos de dispersión, y rotaciones que lo distanciaban de los minutos sobre el césped. Simeone notaba que Griezmann no respondía con su posición y el estilo no encajaba en las cualidades del francés, por lo que decidió cambiar. Apretarle las tuercas en rueda de prensa, mientras que le regalaba un nuevo rol. Antoine ya no jugaría tan pegado al costado. Ahora, lo haría donde mejor encaja, como segundo punta. Siempre por detrás de Mandzukic, combinando con él, y aprovechando las cualidades del croata. Diciembre y San Mamés (donde consiguió su primer hat-trick como futbolista profesional), ejercieron como punto de inflexión. Confianza era lo único que necesitaba. La cosa mejoró y las estadísticas así lo evidenciaron; nueve goles en once partidos (en setecientos noventa y dos minutos) que han acabado por galardonar al francés como el mejor futbolista Altético del mes de enero en la Liga.
Antoine Griezmann celebra con Simeone, durante un partido de Champions. FOTO: marca.com
 


La mayor comodidad y libertad con la que se movía por el terreno de juego, se transformaron en continuos gestos de alegría y celebración con la grada del Vicente Calderón. "Ya lo veníamos hablando desde el mes de noviembre que Griezmann venía creciendo muchísimo. Este es el jugador que necesitamos. Más allá de los goles y de las asistencias, lo que valoro enormemente es su capacidad de trabajo para el equipo. Eso le hace mejor futbolista. Puede jugar en cualquier lugar del frente de ataque para poder romper con su velocidad, su técnica y su talento”, dijo Simeone tras el partido frente al Rayo Vallecano. Y es que el argentino ha conseguido hacer sudar y sangrar a Antoine con el color rojo más pasional. Lidera la presión, ayuda en la recuperación, cae a los costados, se ofrece continuamente, enlaza con el mediocampo, combina, asiste y marca goles. Quince tantos en treinta y cuatro partidos. A solo cinco de su mayor registro como futbolista profesional. Y actualmente, máximo goleador del conjunto rojiblanco en el torneo liguero (12).


Antoine Griezmann cumple doscientos días desde que se anunció su fichaje por el Atlético de Madrid. Cerca de siete meses que han servido para pulir uno de los mayores diamantes del continente europeo. Porque si hace años, los calificativos de aquél escurridizo y bajito mediapunta eran escasos, hoy a sus veintitrés años de edad se empiezan a quedar cortos. El Calderón lo ha acogido y Simeone lo está adiestrando. Solo queda sentarse y disfrutar, porque esto, no ha hecho más que empezar.


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