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Análisis: Atlético de Madrid 2-0 Real Madrid

@AdrianBlanco_



El Real Madrid llegaba al Calderón tras su primer tropezón en partido oficial tras 22 choques consecutivos en los que no conoció otra cosa que no fuesen los tres puntos. Una racha, que casualmente comenzó tras el último derbi liguero jugado en el Bernabéu. Por su parte, el Atlético se citaba tras ganar cómodamente –eso sí, tras sufrir algún que otro pequeño problema- al Levante en el Vicente Calderón, y con un ojo puesto al partido del próximo domingo en las turbias aguas del Camp Nou.


Consciente de poder pescar algo positivo en la próxima jornada, Simeone decidió introducir numerosas variantes dentro de su esquema inicial. Con la ya conocida titularidad de Fernando Torres, el argentino colocó a Jan Oblak bajo los palos. Gámez y el debutante Lucas como laterales, acompañados de la ya asentada pareja de centrales formada por Giménez y Godín. En mediocampo, Gabi y Mario Suárez. Con Raúl García y Saúl en bandas. Y arriba, la velocidad de Griezmann y Fernando Torres. En el otro lado, Ancelotti también introdujo cambios. El más llamativo, la ausencia de Pepe. Keylor Navas defendió la portería. Arbeloa y Marcelo, los laterales. Mientras que Varane y Ramos completaron la zaga. Por delante, Toni Kroos y Sami Khedira. Con Isco y James en los costados. Y arriba, Benzema y Gareth Bale. En ambos casos, los esquemas fueron lo más parecido al clásico 4-4-2.

El Madrid salió arrollador. Con un par de saques de esquina en los primeros minutos y un remate de Ramos que Oblak tuvo que sacar de debajo del larguero. Un arranque fuerte, asfixiante, sabedor de la importancia de conseguir una temprana ventaja en un campo como el Calderón. Anclado en el 4-4-2 de las grandes citas, Ancelotti contó con el francés y el galés como punta de lanza. Ambos, más pendientes de canalizar que de correr. El recibir, girarse y distribuir primó sobre el alzar la vista sobre la portería rival. Y poco a poco, los blancos dejaron de generar peligro. Algo que Simeone vio claro. Con una simple mirada a su zaga defensiva, hizo que ésta diese un paso al frente. Unos metros de terreno con los que apretar la plácida salida de balón de la que estaba gozando Toni Kroos y con la que incomodar y rascar la circulación del equipo blanco. Y vaya que si lo consiguió. El Atlético se adueñó de la medular, y el Madrid era incapaz de aprovechar esos metros, sin dueño, existente entre la espalda de los centrales y el área del guardameta esloveno

Imposibilitado de generar cualquier peligro, el Real Madrid decidió apropiarse entonces del esférico. Pero tampoco fue capaz. El Atlético apretaba y cuando conseguía robar, rápidamente se volcaba en la búsqueda de los espacios. Algo que tampoco fue capaz de conseguir. Y si hay que buscar algún culpable detrás de todo este cúmulo de imposibles, fueron sin ninguna duda, las líneas defensivas. Correctas, atentas, contundentes y poderosas en el juego aéreo. Tanto Giménez y Godín como Varane y Ramos estuvieron muy por encima a los otros dieciocho protagonistas que corrían sobre el césped durante el primer tiempo. Y eso, se reflejó en el empate a nada con el que se llegó al descanso

La segunda mitad, mantuvo la tónica con la que se cerraron los primeros cuarenta y cinco minutos. El Atlético peleaba y quería correr. Algo que los blancos, fueron incapaces de hacer. De forma aislada, y casi sin quererlo, el Calderón se convirtió en un campo de entrenamiento. Koke y Arda aparecieron en escena, en el momento clave. Dos balones parados, en dos jugadas aisladas. La asignatura preferida del más listo de la clase, fue suficiente. Tras el penalti transformado por Raúl García, fue entonces cuando José María Giménez decidió ponerle el broche a su gran actuación. Y el Real Madrid y Joao Miranda –que hoy volvía a ver el partido lejos del tapete- vieron en el central uruguayo un verdugo común. Y es que el joven, pero ya experimentado zaguero rojiblanco, volvió a hacer las delicias del Atlético. 


Tras la losa del 2-0, el Atlético se puso los petos del calentamiento. Conforme con el resultado, decidió replegar. Recuperar esos metros invertidos desde el primer tiempo y aguantar. Soportó las últimas embestidas vikingas con Cristiano, Jesé y Carvajal ya sobre el campo, y certificó un resultado más que válido para afrontar la vuelta del próximo jueves. En definitiva, la historia se volvió a repetir. Como ya ocurrió allá por el mes de septiembre, Simeone y su discurso volvieron a decapitar las sensaciones de un Real Madrid que aún no sabe lo que es ganar en el nuevo año.
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