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Análisis: Juventus 0-0 Atlético de Madrid



@AdrianBlanco_

La Juventus llegaba al vital choque frente al Atlético de Madrid con opciones tanto de clasificarse como primero, como, de quedarse fuera por segundo año consecutivo en la fase de grupos, si las circunstancias lo brindasen. Únicamente la victoria por dos goles o más de diferencia daría el primer puesto al equipo de Massimiliano Allegri. Sin conocer la derrota como local en Champions desde allá por el mes de Abril de 2013, cuando lo hiciese a manos del equipo que posteriormente levantaría el título en Wembley, el Bayern de Múnich. Y en competición doméstica desde el mes de Enero, de esa misma temporada. Un año, siete meses y veintiocho días abalaban de buena forma al conjunto turinés. Por su parte, el Atlético de Madrid también aterrizaba en el norte de Italia acompañado de una buena racha de resultados. Desde hacía exactamente un mes (cuando cayeron derrotados en Anoeta), el conjunto de Simeone no conocía otro resultado que no fuese la victoria. Un precioso duelo de sensaciones y en el que algo más que el primer puesto del Grupo A estaba en juego. Enfrentados históricamente en seis ocasiones –tres de ellas en Turín– el balance era claramente bianconero: Tres de tres y una diferencia de cinco goles a su favor. Aunque, el último encuentro, fue en Octubre, en el Calderón y los tres puntos no salieron de la capital.

11 iniciales de los dos equipos

Minutos antes del comienzo del partido, la propia Juventus de Turín hizo público que Claudio Marchisio se quedaba fuera de la convocatoria debido a un problema gástrico. Sin querer modificar el 4-3-1-2, Allegri decidió salir con: Buffon como portero. Lichtsteiner y Evra en los laterales, junto a Bonucci y Chiellini como jefes de la zaga. Pirlo acompañado de Pogba y Pereyra en mediocampo. Vidal como mediapunta. Y Tévez junto a Llorente como hombres de ataque. Con la sorprendente ausencia de Tiago en el centro del campo colchonero, el Cholo decidió no innovar demasiado en campo ajeno, y por eso formó con: Moyá bajo palos. Juanfran y Siqueira como laterales. Giménez y Godín pareja de centrales. Por delante, Gabi y Mario Suárez (en lugar del portugués) con Koke y Arda Turan en los costados. Arriba, Raúl García por detrás de Mario Mandzukic. 


Desde el calentamiento y hasta prácticamente el final del encuentro, todo se jugó bajo una ola de cánticos y pancartas desde la grada, que sumado a la intensidad y electricidad con la que empezó todo, generó un ambiente digo de pura Copa de Europa. Continuas llegadas al área, carreras sin control por mediocampo, faltas, interrupciones, errores, nervios… El partido inició de una manera bestial para el neutral espectador. La Juventus quiso dominarlo desde un primer momento. Siempre con el balón en los pies. Y con el objetivo de acosar el área rojiblanca hasta que cayese el primer tanto. El Atlético por su parte, decidió salir a esperar. Replegado en su propio campo, y con la única marca fija en la presión de Mandzukic sobre Pirlo. Era de esperar. 

Pirlo fue el encargado de retrasar su posición, como último hombre de campo para hacer circular el balón


Por ello –para evitar dicha presión-, Allegri decidió retrasar al ‘21’ lejos del radar del croata para que no hubiese problemas. Los centrales se abrían. En medio aparecía Pirlo y Vidal era el sacrificado de bajar para oxigenar dicha circulación de balón. Casi como un movimiento sincronizado, Pirlo tiraba de Vidal, y el chileno de Tévez, que en más de una ocasión del encuentro se situó cerca del círculo central, dejando como única referencia a Llorente, para apoyar el movimiento desde las partes interiores del campo. Como ya hemos dicho, el Atleti esperaba y cerraba bien las líneas, así que, la Juventus decidió mirar entonces hacia los costados. Por allí, apareció el filón de Siqueira con Lichtsteiner. El suizo subía una y otra vez el lateral diestro sin casi oposición por parte del futbolista rojiblanco. Una y otra vez, los balones acababan colgados en el área, pero, es entonces cuando volvemos a hablar de Simeone, del Atlético y de su juego aéreo.


El joven (pero ya más que experimentado) Giménez acompañado de Godín se hicieron dueños del área. Siempre por alto. Siempre atentos. Incomodando y casi menospreciando los casi dos metros de altura de un futbolista con Llorente. 21 centros laterales lanzó la Juventus en los primeros 45 minutos, solo 2, fueron rematados. Y ninguno con verdadero peligro sobre los tres palos de Moyá. Sin ocasiones, pero con una abismal intensidad llegamos al descanso. Por aquel entonces, el Olympiakos ya ganaba al Malmö, lo que suponía que un simple gol del Atlético condenaría, por segundo año consecutivo, a la Juventus. Pero, caballeros y serenos, los de Simeone prefirieron no arriesgar. Simplemente, dejarlo estar.


La segunda mitad, fue más de lo esperado. La Juventus lo siguió intentado. Y Simeone decidió jugar con la famosa pizarra. Fue entonces cuando, consciente del peligro que llevaba Tévez en cada recepción y conducción interior, decidió mandar a Raúl García y a Arda Turan a las bandas. Dejar arriba solo a Mandzukic en sus carreras a un lado y al otro del círculo central. Y retrasar (como indica el esquema de alineaciones) la posición de Koke. Juntar un hombre más en el medio con el que acompañar a Gabi y Mario en las tareas de obstaculizar cualquier movimiento en el mediocampo rival. Es decir, pasó del 4-4-2 al 4-5-1. Los minutos continuaron pasando. Y el Olympiakos y el Malmö empezaron a jugar con el resultado. Empate, gol de los griegos, empate, gol… Una situación de desconcierto con la que Juventus y Atlético decidieron jugar. Durante el último tramo del encuentro, los de Allegri decidieron aguantar el balón. De forma descarada, además. De centrales a Buffon, y del capitán a sus defensores. Una y otra vez. Mientras los colchoneros se conformaban con mirar. 

El 4-5-1 con el que se defendió el Atlético durante todo el segundo tiempo


El 0-0 deja al Atlético como líder (y señal de una serenidad digna del Subcampeón de Europa) y a la Juventus como segunda de grupo. Ambos en Octavos y con el pacto de no agresión recién firmado debajo del brazo. En definitiva, un empate que no solo reflejó la igualdad del marcador, sino también la de dos clubes conformes con una situación, de la que solo los griegos podrán endulzar calificándolo como Biscotto.  
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