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Análisis: Manchester United 1-1 Chelsea

@AdrianBlanco_

Alzado en la octava posición de la tabla y con la azaña de haber conseguido 7 de los últimos 9 puntos disputados, era sin ninguna duda, la mejor noticia para el conjunto de Louis Van Gaal. Que eso sí, llegaba al choque frente al líder de la tabla, con una diferencia de diez puntos entre ambos conjuntos. En el otro lado, nada más y nada menos, que el Chelsea de Mourinho, que con el cartel de favorito colgado al cuello desde allá por el mes de Agosto, aterrizaba en Old Trafford con el objetivo de cosechar su octava victoria de la temporada, o lo que es lo mismo, rascar tres valiosos puntos con los que afianzar su primer puesto en la Barclays Premier League. 

Con respecto a los planteamientos, de uno y otro equipo: el Manchester United formó con un esquema lo más parecido a un 4-1-4-1. Como ya viene siendo habitual, y una semana más agrandando su buen estado de forma, David De Gea fue el guardameta titular. Por delante, Rafael y Shaw como laterales, mientras que Smalling y Rojo parecen irse afianzando como centrales titulares. En medio campo, la figura de Daley Blind como pivote. Acompañado por una línea de cuatro centrocampistas, cada uno, con su distinto papel; Januzaj-Di María como extremos, y Fellaini y Mata en la posición de interiores. Arriba, tras las bajas de Falcao y Rooney, se encontraba el holandés Robin Van Persie.

Por parte del Chelsea; Mourinho no quiso innovar demasiado y supo ser fiel a un esquema (4-2-3-1) y un estilo del primero al último momento del partido. Ya con el tema de la portería zanjado, Courtois volvió a ser de la partida. Filipe Luis (por el sancionado Azpilicueta) e Ivanovic fueron los laterales encargados de frenar las embestidas de los extremos locales. Y Cahill-Terry como centrales. En mediocentro, y como ya viene siendo habitual, la pareja Matic-Fábregas fueron los titulares. Willian y Hazard acostados en las bandas, y Oscar -como enganche- y Drogba como punta de ataque, formaban un once con el que el portugués bien dejaba claras sus intenciones de salir a conquistar Old Trafford.

A lo largo de todo el primer tiempo, el Manchester United mostró quizá una de sus mejores versiones de esta temporada 2014/15 con Van Gaal en el banquillo. El equipo presionaba, mordía en mediocampo y sobre todo, incomodaba a un Chelsea que con pocos metros con los que correr tan solo pudo centrarse en las espontáneas individulidades de Eden Hazard desde el costado izquierdo. El triangulo formado por Blind-Rafael-Fellaini fueron los encargados de detener el giro de Cesc Fábregas en mediocampo y de esta forma bloquear la salida 'blue' desde atrás. Afectada más aún, tras la ausencia de Diego Costa -un futbolista letal a los espacios- en el once inicial. Durante todo el primer tiempo, y (casi) todo el encuentro, el entrenador holandés decidió colocar a Di María en el costado diestro defendido por Filipe Luis. De tal forma, evitaría el emparejamiento del argentino con la corpulencia y bravuconería del serbio Ivanovic y, obligaría al lateral brasileño a prescindir, en cierta forma, de su trabajo ofensivo, mientras el vertiginoso extremo 'red' rondase la zona. 

Por poner, (y si es que se le puede hacer) una pega al primer tiempo, poco era el papel que representaba Robin Van Persie, inmerso en ese 4-1-4-1. Durante mucho tiempo, fue algo más parecido a un islote que a un delantero centro. Siempre solitario, sin capacidad con la que girar fuera del área y con pocas ocasiones que echarse a la boca. Y eso que pese a la superioridad y dominio que mostraba el conjunto local en numerosas fases del primer tiempo, el Chelsea se mantenía fiel a su idea de esperar y contragolpear a base de zarpazos (surgidos por la conexión Oscar-Hazard) el área defendida por David De Gea. Pero, si es verdad, que sin poder contar con su mejor baza, la de atropellar a los espacios. Los minutos pasaron, el intercambio de golpes no cesó y ambos conjuntos solo se olvidaron de una cosa que no tardaría en llegar, el gol. 


Robin Van Persie celebra el tanto del empate en el descuento del partido. [FOTO vía REUTERS]

Ya entrados en el segundo tiempo, el partido continúo en la dinámica con la que había finalizado la primera mitad. El United achicaba espacios en el medio, Cesc Fábregas no resultaba cómodo en el eje y Matic solo podía parar a base de faltas las altas marchas que proponía Van Gaal cada vez que los suyos atravesaban el mediocampo. Una locura, un reparto y una serie de fallos posicionales a balón parado en los locales, que solo un hombre desde las alturas fue capaz de gobernar; Didier Drogba (0-1). Los minutos transcurrieron y con el resultado a favor, Mourinho decidió dar un paso atrás con el que intentar conseguir uno de los retos de este Chelsea 2014/15, el de mantener y cerrar los partidos. 

Pero, no fue hasta el minuto 65, cuando Van Gaal dio con la tecla. Decidió intercambiar las bandas de Di María y Januzaj. El argentino se vino al costado del serbio (izquierda), y el belga al lateral del brasileño (derecha). Y los resultados, no tardaron en salir a la luz. En la primera gambeta, el rudo de Branislav cayó y vio la primera amarilla del partido. El United lo supo y fue entonces cuando decidió volcar (al 100%) el ataque por ese costado. Di María aparecía una y otra vez, siempre apoyándose en Shaw, con el que combinar y generar ventajas desde el costado. Estas que solo podían ser paradas con el mismo Usain Bolt o con alto más metódico y práctico; la falta. En esta fase del partido, el Chelsea acumuló un gran número de imprecisiones en la transición, Shurrle tardó en entrar -no fue hasta el minuto 88- e Ivanovic acabó picando en la destreza de Di María y se marchó a los vestuarios antes de tiempo, en la falta que supuso el 1-1 definitivo. 

En resumen, un partido muy igualado (más de lo esperado). En el que las bajas ofensivas de uno y otro equipo, la inclusión de Fellaini -que parece ir entrando en el equipo- y los desajustes defensivos dentro de las pizarras, acabó por repartir los puntos y mantener la distancia de 10 puntos entre ambos conjuntos.
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