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Ser o no ser, esa es la cuestión

@ADRIAN_BLANCO4

La jornada no distinguía de mayor complicación. La Juventus necesitaba mínimo un punto con el que certificar su pase a los octavos de final de la UEFA Champions League. Desembarcar en tierras turcas, y conquistar Estambul, ese era el plan. El día amaneció frío, distinto, con una ligera bruma que hacía presagiar que algo no iba a salir bien. Trascurrieron las horas, el viento cada vez cortaba con más fuerza y el cielo, blanco, necesitaba de un pequeño empujón para transformarlo en color bianconero. Al fin, llegó el partido. Los de Conte sabían que no podían cometer errores. Que el mínimo fallo podía ser letal, y sobre todo hoy, más que nunca, la portería de Buffon debería dejarse a cero.

Los jugadores del Galatasaray celebran el gol de Sneijder         (FOTO vía eleconomista.es)


Sabedora de ello, la Juventus lo intentó, salió con su once de gala. Pogba suplía la baja de Andrea Pirlo, y aunque se perdiese la llegada y potencia del francés cerca del área rival, se sabía que se ganaba en trabajo y recuperación en el centro del campo. Arriba, uno de los mejores duetos del momento; Fernando Llorente y el "Apache" Carlitos Tévez. Altura y velocidad, con un mismo apellido, el del gol. Pese a que sobre la pizarra sonase bien, algo se truncó. Algo con lo que nadie contaba, ¿nieve? ¿en Turquía? En pocos minutos el césped del Ali Sami Yen de Estambul adoptó una gélida y blanquecina capa caída del cielo. Sí, era nieve. En ese momento, fue cuando todos se acordaron del mal presentimiento con el que amanecieron la mañana del martes.

El campo, más que un terreno de fútbol pasó a ser una pista de ski, la nieve cada vez caía con más fuerza y pese a que se pintaron las rayas del suelo, se intentó apartar parte de la nieve, y se cambió el ya clásico "estrellado" balón de la Competición por uno con un chillón tono anaranjado, la visibilidad por momentos era más complicada. Muchos en ese momento echamos la vista atrás, tan solo unos días, para recordar la que cayó en el pasado fin de semana en la NFL, en un Philadelphia Eagles - Detroit Lions, y pesé a tener una condiciones mucho peores a las que sacudían Estambul en ese momento, el partido se jugó y uno entiende el por qué de los americanos y el espectáculo que siempre quieren llevar presente. En Turquía no, todos miraban al cielo, maldiciendo tal bonito espectáculo que es ver nevar. El partido se paró, y tras unos minutos donde el resto de la jornada llegaba al descanso, éste seguía con la incertidumbre de si cambiar a los futbolistas los tacos por cuchillas, en la suela de las botas.

En el resto del grupo todo transcurría con total normalidad, el Real Madrid ganaba en Dinamarca y sellaba así su pasaporte con destino a los octavos de final de la mejor forma posible, como primero de grupo. Pero, volviendo a Turquía, todavía no se sabía quien acompañaría al equipo merengue al bombo del sorteo. Y entonces la incertidumbre pasó a los peces gordos de la Competición. El partido se dio como aplazado, y era el momento de buscarle una fecha y una hora -en un calendario de lo más apretado- en la que se pudiese jugar y que además, contentase a ambas partes. Miércoles a las 14:00 de la tarde. Esa era la fecha y el momento en el que el plan debía hacer efecto.

En el fútbol, como en la vida, "las desgracias nunca llegan solas". Y Estambul amaneció la mañana del miércoles cubierta de un solido y espeso manto blanco. Los operarios del Ali Sami Yen trabajan a contrarreloj para retirar toda la nieve posible del campo, pese a que esto significase dejar el terreno de juego echo trizas. Un verdadero patatal y no del que se quejaba Mourinho allá por el año 2010. El mal presentimiento no se iba del cuerpo de los tifosi, y es que, lo que nadie se esperaba es que un ser, venido del continente más cálido que existe en el Mundo, iba a hacer acto de presencia para reinar bajo la fría mañana de Turquía. Tan solo quedaban 60 minutos por jugarse, una hora exacta de reloj la que separaba a los italianos del ser o no ser en la máxima competición europea.



Pero ese ser, venido de Costa de Marfil, corrió, peleó, incomodó e incluso estuvo a punto de cargarse por su cuenta a la Squadra Bianconera de no ser por el guante izquierdo de Gianluigi Buffon. Didier Drogba se pasó toda la noche afinando su guitarra de "viejo rockero", y por la mañana el show, no había hecho más que empezar. El tiempo corría, muy rápido para unos, pero excesivamente lento para otros. La Juventus sufría, no tenía capacidad de reacción ante las embestidas que sufría a manos de los turcos. Y es que al Galatasaray la doble oportunidad no le servía. Necesitaba marcar para pasar. Hasta que llegó. Los italianos, no pudieron aguantar más, y recién cumplido el minuto 85 de este aparatoso encuentro, el mal presagió invadió todas y cada una de las pantallas de televisión que rezaban por impedir este momento. Wesley Sneijder, con un derechazo cruzado, imparable para el veterano guardameta italiano.

El holandés fue quien ejerció de verdugo a la hora de condenar a la Vecchia Signora, un castigo que traía consigo una larga condena, dos empates frente al rival más débil del grupo -Copenhague- y un gol cerca del pitido final contra los mismos turcos en Turín, que forzaban irremediablemente a bajarse de escalón, en la UEFA Europa League. Lo cierto es que la Juventus no dio el nivel, y ahora las miradas se centrarán en un claro y único objetivo, volver a renovar el trono dentro de Italia.





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