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LA ROMA DE ALISSON EN SAN SIRO

El Inter de Milán sumó su tercer empate consecutivo -tras Lazio y Fiorentina justo antes del parón- ante la visita de la cuadrilla giallorossa al estadio San Siro. La Roma de Alisson Becker, quien volvió a firmar otra excepcional actuación bajo palos, y que incluso se permitió el lujo de asistir a El Shaarawy en el único tanto que festejaron en el cómputo global de la contienda, terminó pagando cara su avara gestión del cero a uno. Y al final fue Vecino, de cabeza, quien materializó entre los palos el único remate imposible para los guantes del brasileño. Un reparto de puntos que poco contentará a ambos. Ya que tanto el uno como el otro, a pesar de contar con toda la segunda vuelta por delante, ya han visto cómo la Lazio, pico-pala, se ha cobrado sus endebleces: tanto en su juego como, así mismo, en los resultados.



La Roma probó con un sistema nuevo y la primera impresión fue positiva

Sin De Rossi ni Gonalons para la ocasión, Di Francesco planteó un escenario que, ante todo, tuvo dos preceptos bien pensados. Ahogar al Inter lo más arriba posible, con todo el desgaste que ello implica, y dañarlo, fruto de esta presión, por donde más frágil se viene mostrando en las últimas semanas. A diferencia de otras ocasiones, Strootman formó como hombre más atrasado en el centro del campo. Y Di Francesco, he aquí lo variopinto de la estrategia, decidió rodearlo de hasta cuatro futbolistas distribuidos de una manera muy asimétrica. Solo de esta manera se puede llegar a entender que la Roma terminase adoptando distintos esquemas, en función de quién y en qué momento fuera quien agarrase el esférico. Con el mismo, para atacar, el equipo dispuso de un 4-3-2-1 en el que, a diferencia de cuando se perdía, Gerson y Pellegrini formaban como teóricos interiores. Y conviene incidir en el detalle teórico, pues en ocasiones, en lo práctico, este reparto conmutaba con Nainggolan pero no con El Shaarawy, las otras dos piezas. Una disposición que, como se señalaba, cambiaba su estructura cuando era el Inter quien tenía la posesión. Y entonces era cuando la Roma, de esta forma, recreaba un sistema 4-1-4-1, donde Gerson y El Shaarawy protegían desde fuera a Pellegrini, Nainggolan y Strootman.


Y el cambio, a decir verdad, le funcionó bien a la Roma. No tanto por la ubicación de las piezas, pues al no poder contar tampoco con Perotti (a quien echó en falta para atacar desde su repetida diagonal fuera-dentro), el sistema exigió un plus a Kolarov que, sin el argentino y con Gerson/Nainggolan lejos, en ocasiones, de su mejor zona, no logró sobrepasar la cobertura que Candreva tendió sobre Cancelo. Pese a esto, el lateral serbio volvió a ser fundamental a la hora de dar cuenta a la salida por raso de la Roma, aunque en esta ocasión el equipo centró todas sus aspiraciones en el principal envite de Di Francesco a su homólogo: la presencia de El Shaarawy por derecha. El ítalo-egipcio, de hecho, fue junto con Strootman el único que no cedió su sitio a ningún otro, y suyas fueron las acciones de mayor vértigo para la Roma. En este sentido es loable apuntar que la lectura previa de Di Francesco resultó clave. Y más si cabe en la acción del cero a uno, donde tras un balón largo de Alisson al espacio, El Shaarawy, mucho más rápido que Santon y Miranda, justificó el porqué, aun no estando Perotti, conservó su posición por el costado derecho, tal y como venía haciendo en estos últimos encuentros. 

La propia gestión de Di Francesco revitalizó las opciones del Inter 

Para bien y para mal -de los suyos-, las decisiones de Di Francesco tuvieron su peso en oro en el discurrir del partido. Con el marcador a su favor e incomodando al Inter en exceso, tal y como se había propuesto durante la primera mitad, debido a la gran presión que ejecutó (con hasta 4-5 hombres al mismo tiempo) sobre su salida; Spalletti se vio obligado a reconstruir el módulo durante el tiempo de descanso. Bajó a Valero hasta la base y situó a su lado a Vecino -derecha- y Brozovic -izquierda- como interiores de una formación que pasó de un 4-2-3-1 a un 4-3-3 en el que, a la postre, Éder ocupó el sitio de Candreva y Dalbert el de Santon. Sin embargo, fueron las propias decisiones de Di Francesco las que terminaron por dar como excelentes aquellas que, sin salirse del guion, fue adoptando el Inter. A pocos minutos del final, Di Francesco decidió combatir la fatiga haciendo mucho más pragmático a su equipo, replegándolo en muy pocos metros y cambiándolo de forma por enésima vez en la noche. Pero el gol del empate, tras un centro lateral, el único balón que no pudo repeler Alisson, puso sobre la mesa que tanto Roma como Inter no atraviesan por su mejor momento. El primero, por su gestión dentro y fuera del campo; el segundo, en cambio, porque volvió a demostrar que este año no va sobrado de argumentos.

- Fuente imagen principal: Emilio Andreoli/Getty Images Europe.

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UNA CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

El proyecto de Gian Piero Gasperini en la Atalanta B.C. atraviesa por su mejor momento desde que ambos se tomaran del brazo hace cosa de dos años. El equipo, peleando a estas alturas su derecho de volver a viajar entresemana fuera de Italia para jugar al fútbol durante la próxima temporada, es séptimo, al igual que doce meses atrás, pero es que además, sin desestimar por ello esta situación para nada desdeñable en la tabla, permanece vivo en los otros dos torneos en los que se matriculó a inicio de campaña. Pues así, clasificada para dieciseisavos de la Europa League, donde se medirá al Dortmund tras liderar una fase de grupos ante Everton, Lyon y Apollon, el conjunto, además, se ganó a pulso su derecho a disputar las semifinales de Copa al imponerse al Napoli en el mismísimo foro partenopeo.



Gasperini mantiene muchas de sus tan exitosas consignas

El técnico del Piamonte irrumpió en la Atalanta con un modelo por bandera tan anacrónico que muchos, incluso, se aventuraron a (re)bautizarlo como revolucionario. Aunque ya diese cuenta de ello en el Genoa, donde residió cerca de tres años antes de emigrar al norte de Italia, el estilo que aún mantiene vigente el cuadro nerazzurro sigue siendo todo un incordio a la hora de hacer frente para los otros diecinueve equipos que componen hoy en día el primer escalón del Calcio. El mismo, a pesar de haber cambiado a unos cuantos de sus intérpretes con respecto a hace unos meses, preserva la esencia del que habiéndose criado conservador, por mucho que la realidad en la que se encuentre progrese tanto como lo está haciendo el fútbol italiano -donde cada vez son más equipos los que abogan por construir en torno al esférico y no tanto a la protección y arrojo en pos de los espacios-, llegará donde sea necesario con tal de sentirse honesto conforme a sus principios. Pues eso también enriquece el entorno.


De esta guisa, la Atalanta ha optado por seguir construyendo sobre aquello que durante tanto tiempo, con tanto empeño, se desfondó por levantar desde el suelo. Así, como ya hiciera el año pasado, el equipo conserva el dogma que, sin importar quién ni qué proponga el de enfrente, le lleva a conformar una férrea destreza defensiva donde sus diez futbolistas de campo priorizan sus esfuerzos, sin perder de vista el esférico, en marcar y perseguir muy de cerca a su par con premeditación y alevosía. Un sistema, el 3-4-2-1, que la única variante que ha sufrido ha sido prescindir de su ‘9’ en pos de reunir a hasta tres mediapuntas al mismo tiempo. Y el cual, como ya ha quedado probado a lo largo de este año y medio, no está preparado para pasar la mayor parte del tiempo sobre la parcela del contrario. Sino que más bien, en cambio, lo suyo es llegar con muchos y muy rápido para que, como a principios de este mismo 2018 en el Olímpico de Roma, consiga sorprender a su oponente. Pues así es como también se protege.

El equipo, cuando repliega, intenta huir de su propia frontal

La idea, tan pragmática como resolutiva hasta la fecha, está lo suficientemente orquestada como para que, en caso de que un rival consiga evadir una de estas marcas, quien más próximo se encuentre a ésta intervenga rápidamente a corregir la disfunción. Una tarea que, en base a cómo se sitúa el equipo, sobre todo en mediocampo, recae en incontables ocasiones sobre sus tres centrales; los cuales, en base a cuántos hombres amenacen su integridad, así se repartirán sus funciones. Si son tres atacantes, como por ejemplo presentó la Roma hace escasos quince días, Gasperini responde con su trío de zagueros al completo. Aunque la situación es muy distinta cuando la ofensiva se reparte entre uno o dos hombres a lo sumo, pues entonces el central de en medio, quien suele ser Caldara, pasa de marcador a corrector. Y ya sea él, el joven cedido por la Juventus, o cualquier otro el elegido en cuestión por Gasperini, está función de coche escoba es primordial para mantenerlo todo en orden. Bajo control. Y esta, por increíble que parezca, es una fase que los centrales solo demuestran alcanzar cuantos más metros tengan a su espalda. Pues si por algo no destaca precisamente esta Atalanta es por la protección de su propia área.

En salida, el equipo conforma una especie de rombo

Pero no todo es a blanco y negro para la Atalanta. Sus defensores, además de cumplir con sus funciones más intrínsecas, también son los primeros distribuidores del juego. El cual, conviene aquí detenerse, inicia por costumbre de una manera también distinta a la convencional. Con el balón en los pies del central más meridional, sus otros dos homónimos pasan a escoltar la acción por fuera, bien abiertos a ambos lados, desde donde la Atalanta progresa con la seguridad de que, en caso de pérdida, el rival quedará siempre coaccionado a controlar el esférico y levantar la cabeza sin el mismo margen que, por contra, tendría al redimir la posesión sin otras líneas que las que dan forma al área o al círculo central. Una propuesta, que además de custodiar la suya propia, coacciona la presión del rival. Pues este, si no cuenta con extremos para ello, debe impedir el avance de la cuadrilla de Gasperini con sus volantes, sus laterales y, por supuesto, teniendo en cuenta el sacrificio que esto supone para los futbolistas que actúan más centrados. Unos medios, volviendo al ejercicio bergamasco, que cumplen con la función de, siendo siempre dos, arquear la posesión hacia fuera y, cuando esta llega arriba, irrumpir en segunda línea

Una función, esta última, que sobre todo recae sobre Freuler, quien además de llegar hasta la frontal, desde donde no solo ataca sino que también contribuye a presionar, es el encargado de activar al Papu Gómez. Dentro de un estilo tan vertical como el de la Atalanta, de tanto ida y vuelta, el argentino es un oasis a la hora de acometer cualquier contragolpe. Ya que el capitán, quien suele partir muy abierto por el lado izquierdo, detenta un cambio de ritmo súper irritante para cualquier defensa. Tanto para acelerar con espacios por delante, como para bajar de revoluciones en caso de lanzar al carrilero de su mismo lado -Spinazzola-, Gómez cumple con la noble máxima del que todo lo que toca, mejora. Junto a él, para actuar algo más por dentro, se encuentra Ilicic. Y el esloveno, que ha recuperado su confianza con parte de la que le ha prestado Gasperini para primero traerlo y después ponerlo a jugar siempre desde el inicio, ya es el mejor socio del futbolista argentino. Ellos dos, con Petagna o Cornelius por delante, son los encargados de dar forma a un sistema cada vez más sólido. Hay cosas que jamás pasarán de moda. 

- Fuente imagen principal: Getty Images Europe.

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TRES DELANTEROS, UN SOLO PUESTO



A sus 19 años y en su primera veintena de partidos oficiales con el primer equipo, Patrick Cutrone es, a estas alturas, el máximo artillero del Milan 2017/18. El jovencísimo delantero de Como, provincia de la Lombardia italiana, es producto de la factoría rossonera. Y casi de la nada, para sorpresa de propios y extraños, se ha erigido como el mejor ‘fichaje’ de la entidad tras hacer de su último verano el más caro en lo que va de siglo. Cutrone ha festejado hasta la fecha un total de nueve tantos -uno más que André Silva, quien sigue sin estrenarse en la Serie A, y cinco por encima de Kalinic- habiendo disputado tan solo 57 minutos más que el portugués y 42 más que el croata. Anotando, incluso, dianas de una trascendencia vital, como la conseguida ante el Inter en cuartos de Copa. Cutrone, de hecho, detenta un ratio goles/minuto superior al de sus homónimos (Silva y Kalinic), por los que el Milan destinó cerca de un tercio de su inversión estival. Y sin embargo, he aquí lo curioso de todo esto: el canterano, a día de hoy, es quien peor encaje parecería tener en la propuesta de Gennaro Gattuso. Las cosas del fútbol. 

Desde su llegada al equipo, incluso antes de llegar a sentarse en el banquillo, Gattuso proclamó a los cuatro vientos que su estilo, a diferencia del de Montella, sería mucho más directo. Más vertical con el balón. Y que por encima de todo, ante cualquier rival o contexto, primaría el orden colectivo. Que el equipo, hablando claro, trataría de no romperse. Y a esto, con mayor o menor acierto, es a lo que procura jugar el Milan del presente. Una propuesta que, en resumidas cuentas, casa como un guante con el perfil de Kalinic. Ya que el croata, como demostrase en Florencia, es un delantero de lo más rentable para hacer desplegar a su equipo gracias, en este sentido, a su retahíla de recursos (técnicos) y esfuerzos (para aguantar el choque) cada vez que interviene lejos del área. Una destreza que, a bote pronto, cuadra también de mejor cerca de tres-cuartos (desde donde sirve de cara a los extremos e interiores que se aglutinan en la frontal y los vértices del rectángulo) que el movimiento por excelencia que ha lucido Cutrone: sus desmarques. Pero como en Milán, desde hace tiempo, la realidad parece avanzar de una manera muy distinta; Silva, el más talentoso de entre los tres, es al que más le está costando. Pues por cosas como esta, por fortuna, el fútbol jamás será una ciencia exacta.


- Fuente imagen principal: Miguel Medina/AFP Photo. 
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JORDAN VERETOUT POR SORPRESA

Tras un verano de lo más excéntrico en Florencia, una de las piezas que arribó para relevar a las tantísimas otras que acabaron partiendo ha logrado romper el hielo desde bien temprano. De hecho, su impacto en el equipo está siendo tal que a pesar de recalar en la capital toscana sin levantar demasiado ruido, sus buenas -y completas- prestaciones han llevado a Stefano Pioli a construir un (nuevo) sistema en torno a su mediocentro. Un futbolista, Jordan Veretout, sobre el que oscila la reconstrucción de una Fiorentina que, a la espera de encajar todas sus piezas, ha encontrado en el galo una herramienta de lo más versátil, con la que suplir algunas de las muchas funciones desvalidas tras el último periodo estival.



Stefano Pioli ha vuelto a cambiar de sistema

La Fiorentina arrancó la temporada organizada en un 4-2-3-1 muy anárquico. Dicho albedrío llevó a sus futbolistas a adoptar, para según qué contexto, distintas estructuras (sobre todo) en la parcela ofensiva. Por ello, de un tiempo a esta parte, ha resultado muy común ver cómo el equipo, entre una y otra jugada durante un mismo encuentro, conseguía cambiar de forma hasta el punto de organizarse a partir de su propio desorden: cargando el área con dos de sus hombres al mismo tiempo; bien pasando a actuar con varios de ellos por dentro; o que estos, en cambio, desocupasen las zonas más céntricas del frente para interactuar entonces en un mismo costado. Una maniobra que iniciaba desde muy abajo, con el balón pegado a la banda izquierda, desde donde el lateral, el mediocentro y el futbolista de por delante, en este caso el extremo de dicho lado, configuraban así una especie de triángulo táctico que, además de garantizar la salida a ras de césped, tenía por objeto acercar a Simeone a la portería de la manera más rápida, simple y efectiva. Una práctica que ahora, con este nuevo sistema, ha cambiado de aspecto. E incluso de intérpretes. Aunque, en el fondo, no ha alterado su verdadera esencia colectiva. 


Y no lo ha hecho, en gran medida, gracias al gran rendimiento que está aportando Veretout. Escudado en su poderío físico, el francés está asumiendo una relevancia primordial en el fútbol de la Fiorentina. Y tal es así que Pioli, en su empeño por conseguir que el equipo fluya de una vez por todas, ha reorganizado la propuesta simplificando para ello algunos movimientos; aunque mantiene por doctrina el jugar por abajo, y, para ello, arranca del mismo costado que antaño. Sin embargo, la Fiorentina ha pasado a organizarse con una defensa de tres centrales y dos carrileros largos. Los cuales, para mantener al equipo erguido desde el inicio de la acción, deben permanecer a una altura razonable del campo. Un triángulo sobre el que ahora, a diferencia de antes, Veretout actúa como una de sus aristas inferiores -en lugar de cerrar el dibujo por el otro lado-, desde donde mantiene más arriba al carrilero por izquierda, con el fin de ahorrarle unos cuantos metros y de que la posesión, a razón de reducir efectivos, gane viveza. Una estrategia que Pioli deberá seguir puliendo, como se pudo apreciar ante la Lazio en Copa -pues Veretout no siempre acertó a encontrar una línea de pase cómoda sobre la que descargar por dentro-. Pues es ahí, en ese apoyo interior, donde Pioli tendrá que seguir poniendo todo su empeño para que, una vez (casi) solventada atrás la papeleta, el equipo se encuentre en disposición de arreglar, hasta ahora, su mayor problema: aquel que le incumbe de cara a la portería.

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- Fuente imagen principal: Gabriele Maltinti/Getty Images Europe.
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LA PRIMERA GRAN VICTORIA DE GATTUSO

El fútbol fue, es y (por suerte) seguirá siendo fútbol por la espontaneidad que siempre lo ha rodeado. Así sucedió anoche en San Siro, adónde Milan e Inter acudieron envueltos en urgencias para completar la cuarta y última plaza de las semifinales de Copa. Las cuales terminó alcanzo el Milan tras la prórroga, quien llegaba a la cita tras dos derrotas consecutivas; al igual que su vecino y rival de ronda, aunque con 16 puntos menos que el equipo de Spalletti en la competición regular. Una victoria que dará alas a uno y hundirá un poco más al otro. Y que consiguió Patrick Cutrone, a sus 19 años, quien ha pasado de ser en pocos meses el delantero del Primavera al mejor fichaje del Milan más ostentoso de lo que va de siglo.



Ante las bajas, el Inter debió dar una vuelta a su modelo

El cuadro de Luciano Spalletti no pudo contar para la ocasión con Miranda ni D’Ambrosio, central y lateral diestro titulares durante este curso, lesionados, ni con Valero, quien aguardó su turno en el banquillo por decisión técnica. De esta forma, el Inter pasó a formar de inicio con Gagliardini y Vecino en el centro del campo, mientras que Joao Mario formó unos metros más arriba acompañando a Candreva y Perisic, cada uno por su lado, y todos ellos por detrás de Icardi. Una disposición que, a pesar de no contar con sus intérpretes más habituales, debió recrear entre los elegidos aquellos mecanismos sobre los que viene trabajando Spalletti desde que arrancase la temporada. Gennaro Gattuso, consciente de las limitaciones de su contrario, mandó a los suyos a presionar muy arriba con tal de que buscasen neutralizar la salida 'interista' desde su epicentro y recuperar el esférico, por tanto, lo más cerca posible del área defendida por Handanovic. Un desgaste que, lejos de quedar en balde, obligó al Inter a recurrir a su clásico ejercicio ante este tipo de situaciones. Aunque en esta ocasión, a diferencia de todas las anteriores, Valero aguardó el percal bajo una braga y un abrigo junto al resto de reservas.

Si otras veces, ante un planteamiento así de exigente, el mediocentro español es el encargado de hacer retroceder su sitio (como mediapunta del 4-2-3-1) para echar un cable al centro del campo, donde comúnmente forman Gagliardini y Vecino, en esta circunstancia el reparto de funciones llevó a que, a diferencia de cuando está el madrileño, fuese el uruguayo quien debiera tender su apoyo por derecha y Joao Mario, quien empezó por delante, quien reculase por izquierda a jugar de cara hacia su propia portería. Una permuta entre los cargos que no produjo, sin embargo, rentabilidad alguna ante las muchas carencias que venía acusando el Inter a lo largo de estas últimas semanas. Razón por la cual el Milan, aunque acabase el primer tiempo algo más replegado y sin el esférico, consiguió preservar su semblante en todo momento. Pues como el Inter, a fin de cuentas, tan solo conseguía arrimarse al área desde los costados entre los cambios de ritmo y los envíos en carrera a partir de sus extremos, Gattuso reordenó a sus chicos -exhaustos de perseguir a los del Inter por todo el campo- a defenderse por dentro con Biglia, Locatelli y Kessié en mediocampo, y Bonucci-Romagnoli desde dentro del área.

Gennaro Gattuso, tras la victoria en Copa: “El Inter merece todos los puntos que tiene en liga, aunque al inicio de la temporada haya tenido algo de fortuna para conseguir sus resultados. Nosotros no dábamos nunca la sensación de solidez. Sin embargo, cuando ellos jugaban mal, en los momentos de mayor dificultad, siempre han sabido sufrir. Spalletti es un maestro y desde hace años que consigue grandes resultados. (…) Esta victoria no nos detendrá, no hemos resuelto con ella ninguno de nuestros problemas. Esta plantilla debe mejorar aún en su carácter sobre el campo”. 

Antes de que el melón se terminase desquebrajando por completo, como así sucedió durante los segundos cuarenta y cinco minutos, el escenario le brindó dos noticias la mar de positivas al Milan. La primera, como se pudo constatar en base al resultado final, hizo referencia a la estabilidad que consiguió recuperar el equipo en su parcela defensiva. Un hecho, que a pesar de que el equipo no lograse prolongarlo durante las dos horas que se extendió el encuentro -pues también sufrió ocasiones, sobre todo cuando el partido se convirtió en un constante ida y vuelta en sus compases finales-, entronca con la segunda de estas noticias. Pues si el plan de Gattuso, al parecer, pasa por jugar todo el partido como hizo ante el Inter: aguerrido, muy directo tras cada recuperación y, sobre todo, cada vez más solvente en las tareas defensivas -que es lo que de verdad urge a estas alturas-, el técnico cuenta para ello con un reparto en su línea más adelantada que casa, a priori, de muy buena forma con la propuesta. Ya que si al final fue Cutrone, ingresando desde el banquillo, quien le regaló a Gattuso su primera gran victoria al frente del Milan. Esta, no obstante, fue labrada desde bastante antes por otros como Suso, Bonaventura o Kalinic. Tres herramientas muy preciadas si el plan radicase en esta victoria. 


- Fuente imagen principal: Emilio Andreoli/Getty Images Europe.
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