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PODCAST: MANCHESTER CITY VS NAPOLI, CON HÉCTOR PÉREZ

Kevin De Bruyne (26) y Lorenzo Insigne (26) serán dos de los nombres a seguir en el encuentro de Champions.  

Con la inestimable ayuda de Héctor Pérez (@Hector_PerezP), analizamos el trascendental encuentro de la fase de grupos que se disputará en el Etihad Stadium entre Manchester City y Napoli. Detallamos cómo han evolucionado en lo que va de curso ambos equipos: sus debilidades, fortalezas y otros temas.
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CANDREVA Y MONTELLA EN LA MEJOR NOCHE DE ICARDI

El Inter consiguió la victoria en uno de los derbis más vibrantes, por emoción y montante técnico, de cuantos se recuerdan en los últimos tiempos. Icardi fue el protagonista de una velada que, a buen seguro, tardará muchos años en disipar de su memoria. El argentino se marchó del césped con un hat-trick bajo el brazo, lo que permite al Inter alcanzar la segunda posición. Por encima, incluso, de la Juventus y a tan solo dos puntos de diferencia con respecto al Napoli. Es posible que el combinado nerazzuro regente, a día de hoy, el fútbol menos elocuente de esta triple contienda, pero no menos cierto resulta el hecho de que ostenta al futbolista más determinante -por eficiencia- del campeonato.

Mauro Icardi (24), en la celebración de su tercer tanto ante el Milan. Foto: Diez.hn


Con Valero y Candreva, el Inter volcó su primer tiempo por derecha

En una primera parte de mucho paladeo, donde ambos equipos se tomaron su tiempo en arrimarle la mano a su contrario, el Inter embocó al descanso el túnel de vestuarios con la sensación de quien se sabe superior. Al menos, en cuanto a los puntos, debido a que el equipo de Luciano Spalletti se apropió de las dos ocasiones más claras. La primera se estrelló en el larguero, tras un disparo desde la frontal de Antonio Candreva. Y en la segunda, sin embargo, el Milan no gozó del mismo beneplácito. Fue precisamente el extremo italiano, uno de los nombres más destacados en el cómputo global del encuentro, el futbolista encargado de servir el centro lateral al desmarque de Mauro Icardi. Aunque Candreva, al margen de la asistencia, brilló en más zonas que desde la línea de cal. Tanto él como Borja Valero, mediapunta desde el principio en el 4-2-3-1, asumieron la responsabilidad de asentar a los nerazzurri mucho antes de que lo hiciera su rival. El medio español, en fase de salida, adoptó una peculiar posición cayendo por derecha a la que el Milan, por su parte, jamás adivinó respuesta.

Con Vecino y Gagliardini en el doble pivote, Valero ofreció una solución de manera constante como falso interior derecho. Así, mientras uruguayo e italiano cercioraron una vía de pase alternativa en campo contrario, el español se convirtió a su vez en el mejor socio de Candreva. El extremo, conviene apuntar, se mostró sumamente incisivo tanto en los apoyos a los que ya acostumbra, como en cada arrancada que compartió por fuera con D’Ambrosio. De esta forma, el Inter fue poco a poco adueñándose de la primera mitad, hasta que Icardi, quien presumiblemente no había participado hasta el momento en una sola acción de verdadero provecho, materializó el uno a cero. El argentino, como más abajo detallaremos, terminó siendo como de costumbre el hombre más destacado para el Inter. Pues, como hace tiempo dejó de ser noticia, el atacante deja siempre la impresión de recabar más goles en su cuenta que toques o envíos completa de manera acertada. Nada más lejos de la realidad, acabó anotando un hat-trick habiendo tocado dos veces la pelota dentro el área. Una frivolidad que aplastó, como no podía ser de otra forma, la retahíla de variantes que Montella fue introduciendo.

La lectura táctica de Montella se reflejó en el resultado

El técnico milanista, de hecho, consiguió que su equipo fuese mejorando a raíz de sus decisiones con el paso de los minutos. Si en un primer momento ingresó al césped en el 3-5-2 más repetido a lo largo de las últimas semanas, el Milan adoleció una insistente desmaña a la que Vincenzo tardó en descubrir remedio. Con Suso y André Silva como doble punta, y con Valero muy pendiente de encimar a Biglia cuando el Milan ejercía su salida, el cuadro rossonero expuso una evidente falta de profundidad que litigó su capacidad ofensiva. Por lo que Montella, consciente de la dificultad que suponía inquietar con tan poca capacidad para acercarse, cuanto menos, al área defendida por Handanovic, completó entonces el primer cambio sustancial del encuentro: retiró a Kessié para retrasar a Suso al interior derecho. El gaditano, que durante el curso pasado fue el jugador más destacado del Milan por derecha, desde donde podía encarar y chutar por dentro con su pie izquierdo, demostró ayer que el rol como punta del 3-5-2 no está hecho a su medida. Y muy poco tiempo le bastó para evidenciarlo.

Con Cutrone, especialista en tirar los desmarques a la espalda de la defensa, y con el propio Suso más abajo, el Milan ganó enteros al comienzo de la segunda mitad. El español, desde su nueva posición, logró pisar su zona de confort de la manera que a él le gusta. Y en la primera ocasión que tuvo, gracias a la ingenuidad de los defensores del Inter, clavó el empate a uno. A fin de cuentas, el Milan pudo sacar en claro dos lecturas con el cambio: que Suso no es un delantero al uso y que Kalinic, por sus particularidades con la pelota, se hizo más indispensable sin necesidad de jugar un solo minuto (por lesión). Lo cierto es que el Inter tardó muy poco en arrojar la réplica. Y si previamente había sido Candreva por derecha, en esta ocasión fue Perisic, desde el costado contrario, el encargado de asistir a Icardi. Un nuevo golpe del Inter que obtuvo, sin embargo, una nueva contestación por parte de Montella. Quitó a Romagnoli para dar entrada a Locatelli, en un doble pivote con Biglia, para reorganizar el sistema en un 4-4-2. Suso, que volvía al extremo que antaño ocupaba, resituó a Borini como lateral derecho y de un centro del mismo al segundo palo, Bonaventura volvió a poner las tablas en el resultado.

Icardi, con muy poco, lució en su máximo esplendor

Aunque el Milan terminó mejor el encuentro y supo reponerse continuamente a los golpes que le fue arremetiendo el Inter, el recuerdo de la noche permanecerá siempre ligado a l oportunismo de Mauro Icardi. El delantero argentino realizó, sin temor a equivocarnos, su mejor noche desde que juega en Europa. No fue su actuación más completa, ya que sus números tampoco invitan a pensar lo contrario: nueve pases buenos (de once intentados), 24 toques de balón (por 38 de Handanovic o 39 de Donnarumma, para que sirvan como ejemplo), tan solo recuperó un esférico y, sin embargo, ejecutó el hat-trick (en cuatro disparos a puerta) más trascendental desde que se desempeña profesionalmente. Le hizo dos goles a la Fiorentina a principios de este mismo curso, consiguió remontar ante la Roma con otro doblete, empató en Bologna en la recta final, le endosó otro a la Spal y, en esta ocasión, firmó un trío de goles que le hacen ya sumar nueve en ocho jornadas disputadas. Mauro Icardi, a sazón de lo que demostró anoche en el derbi, supone oro en paño para un Inter que, en gran medida gracias a su delantero centro, ha conseguido sumar 22 de los iniciales 24 puntos en juego por primera vez en los últimos quince años.

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JORGINHO ACERTÓ MÁS QUE LA ROMA

El Napoli avanza con paso firme. Es líder en solitario del campeonato al haber cosechado ocho victorias en estas ocho primeras jornadas y servirse, ante todo, de los dos tropiezos consecutivos de la Juventus. El equipo de Sarri, en una versión no tan brillante como otras veces, se bastó de la mejor ocasión que tuvo para asestar el primer y único golpe de la noche. Jorginho, como líder indiscutible del mediocampo, Insigne, Reina y la actuación de los centrales sobre Dzeko, fueron argumentos más que suficientes para materializar el triunfo partenopeo. En un encuentro donde la Roma, a pesar de sus buenas intenciones, volvió a toparse con la piedra más inoportuna de cuantas ha debido ir sorteando en lo que va de temporada.

Lorenzo Insigne (26) celebra la victoria con el resto del equipo sobre el césped del Olímpico. Foto: Zimbio


El Napoli fue creciendo a través del balón

El encuentro de la Roma no fue para caer derrotado. Ya que no distó en exceso, explicado de otra forma, del que completó el Napoli para llevarse los tres puntos. El equipo de Eusebio Di Francesco, en su ya arquetípico sistema 4-3-3, empezó el encuentro siendo superior. Y lo acabó estrellándose hasta en dos ocasiones con el poste de Pepe Reina. Consiguió desbordar por fuera, gracias a la profundidad que Peres, Kolarov y Perotti otorgaron desde los costados, logró adueñarse en distintos tramos de la posesión del esférico y, sobre todo, hasta el momento del cero a uno, encontró el remedio para no conceder espacios a la espalda de sus centrales. El mecanismo, profundizando un poco más en este último aspecto, consistió en dar forma a una posesión fluida y apretando mucho en la recuperación, donde la posición de sus dos defensores, así como el pase de seguridad que siempre adivinaron a acertar los medios, permitieron desconectar en los primeros compases al cuadro de Maurizio Sarri. Una actuación que, sin embargo, cayó por su propio peso. Di Francesco cuenta con un evidente problema de efectividad en los dos campos: tanto en ataque como en defensa, aunque su juego intente disimularlo.

Jorginho tocó el balón hasta en 57 ocasiones, siendo el tercer futbolista del Napoli que más veces lo hizo (solo por detrás de Insigne y Ghoulam) y promedió un 90% de acierto en el pase.

Se podría decir, de hecho, que el encuentro entre Roma y Napoli enumeró distintos giros dentro del guion. Así como la Roma comenzó y finalizó de mejor forma el encuentro. Se puede argumentar, en cambio, que el periodo central del mismo correspondió al equipo visitante. Más concretamente, si cabe, el yugo más incesante del Napoli se promulgó desde que Insigne se aprovechara del error en la entrega de De Rossi (20’) y hasta los primeros compases de la segunda mitad. Fue tiempo suficiente para que Jorginho, el hombre más destacado del Napoli en la noche, tomase las riendas de los suyos tanto con el esférico como sin él. De esta forma, el mediocentro, acompañado por Hamsik y Allan en los interiores, comenzó a concatenar una serie de envíos y cortas conducciones que despojaron a la Roma del control establecido. Representó, no por casualidad, los mejores momentos del Napoli en el encuentro, pues, al mando que adoptó el mediocentro de la situación, cuando en más ocasiones llegaron a conectar los tres atacantes, reorganizó a su vez al colectivo en el esfuerzo defensivo. Mientras que Mertens, como punta, era el primero en correr a la presión, el equipo de Sarri pasó a reorganizarse en un 4-4-2 en defensa donde un interior, ya fuese Hamsik o Allan, saltaba a completar la misma línea que el belga para bloquear al pasador y receptor romanistas.

La Roma se disparó dos veces contra sí misma 

El Napoli consiguió mantener esta presión tras pérdida hasta la conclusión del choque, incluso tras relevar a dos de sus tres medios -Diawara y Zielinski por Jorginho y Hamsik- y dar entrada a Rog -por Callejón-; en un cúmulo de variantes que atendió a una respuesta común de acuerdo a las pretensiones que estaba arrojando la Roma contra el área napolitana. Kolarov y Perotti, como lateral y extremo de Di Francesco por izquierda, lograron atenazar con su conexión el costado defendido por Hysaj y Callejón/Rog. El equipo, a pesar de que fue ganando enteros gracias al enlace que serbio y argentino trenzaron por dicho sector, careció, en cambio, de un recurso con la suficiente contundencia como para dar la vuelta al choque. Pues ocasiones, como ya hemos destacado anteriormente, tuvo. No solo contra la madera, sino también repelidas por Reina sobre la línea. La escuadra de Sarri, pese a la opresión a la que le intentó someter la Roma atacando por los costados, no perdió nunca la forma. Entregó la posesión y dejó de llegar al área, al menos con la vehemencia que habitúa, pero bajo ningún concepto se puede sentenciar que aventurase el resultado a su suerte. La Roma volvió a perdonar, como ante el Inter, y el Napoli a competir, como requiere todo aspirante a hacerse por el título.

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NO TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ICARDI

El Inter de Luciano Spalletti gana pero no convence. En una dicotomía parecida a la que experimentó Roberto Mancini hace un par de temporadas, el Inter está consiguiendo sacar resultados en este arranque, aunque su versión futbolística dista aún lejos de aquella que se le presupone por a la calidad técnica de sus jugadores. No conoce aún la derrota, con seis triunfos y un empate, igualado a puntos con la mismísima Juventus y solo por detrás del Napoli en la tabla. Sale a una media exacta de dos goles en su haber por partido y por su contra solo ha encajado tres en siete jornadas, pero si uno atiende con detalle, el equipo, en cambio, arrastra ciertas dudas que podrían acabar entorpeciendo el paso.

Antonio Candreva (30) celebra uno de sus tantos conseguidos con el Inter. Foto: Zimbio
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LA EXPLOSIÓN DE LUIS ALBERTO

Desde que la directiva apostase por Simone Inzaghi, antes y después de la insólita decisión revocatoria de Marcelo Bielsa por el cargo, la Lazio no ha cesado de recolectar noticias sustancialmente positivas en su ciclo más ilusionante de los últimos años. Inzaghi inicia su segunda temporada en el banquillo y, arribados a este punto, si uno atiende a su legado, lo cierto es que este mismo destaca en todo momento por haber sabido potenciar al máximo la cuantía de elementos que se le han dispuesto. Este año, de hecho, el proyecto ha vuelto a adecuar su ergonomía. Y reflejo de que el nuevo camino adoptado por la Lazio aparenta ser el indicado, nada mejor que el momento por el que atraviesa Luis Alberto.

Luis Alberto (25) celebra uno de sus goles conseguidos ante el Sassuolo en la presente Serie A. Foto: Zimbio


Luis Alberto se ha erigido como una pieza instrumental

Debido a que en la plantilla ya no se encuentra Keita Baldé y Felipe Anderson, para más inri, aún no ha conseguido debutar en lo que va de 2017-2018, ¿cómo es posible que la Lazio mantenga su volatilidad sin contar para ello con dos de sus mejores diestros en la faena? Cierto es que la fisonomía del sistema y el reparto de tareas preserva semejanzas entre la Lazio del año pasado y la del presente. Esto es que, mientras el equipo se continúa organizando en el 3-5-1-1 o 3-5-2 más repetido por Inzaghi a lo largo de estos últimos meses, la escuadra mantiene a su vez intacta buena parte de su glosario táctico: custodia una posesión fluida, preserva su apetito de atacar con espacios, mientras que persiste en apretar con todos sus hombres, con los que previamente entabla su ofensiva, para recuperar a la mayor celeridad y altura posible. No obstante, de un tiempo a esta parte, resulta también palpable que el equipo ha adoptado diversos cambios en pos de la cambiante realidad a la que acostumbra.

Luis Alberto, en su tercer año de estancia en la capital, ha sido el elegido para reconducir la consonancia colectiva. Y la apuesta, conviene subrayar, no le podría haber resultado de mayor provecho al técnico de Piacenza. Hasta el pasado mes de agosto, Luis Alberto acumulaba en su haber 16 partidos y cuatro asistencias con la camiseta de la Lazio. Unos números que, en cambio, contrastan claramente a los que regenta en este arranque: tres tantos y dos asistencias en 10 apariciones (todas ellas como titular). Dado que el envite, como ya destacábamos, no le podría haber resultado más provechoso a Inzaghi, con la irrupción del gaditano no solo ha conseguido compensar la ausencia de un segundo punta que completase a lo ancho y largo a Ciro Immobile, sino que, al margen de lo destacado, ha logrado dotar a su centro del campo de la herramienta que venía demandando desde hace tiempo para amoldar su propuesta ante los repliegues, cada vez menos extraños, con los que sus rivales -dentro y fuera de Italia- intentan trabar a uno de los ataques más vertiginosos del continente europeo.

Simone Inzaghi, tras la victoria ante el Vitesse en la Europa League: “Luis Alberto ha cambiado hasta tres veces de rol: punta, mediapunta y después delante de la defensa. Se ha convertido en un elemento de mucho valor. Siempre me había fijado en su calidad, pero tuvo algún que otro problema en adaptarse a la realidad del fútbol italiano”.

A caballo entre el atacante y el trío medular, Luis Alberto está desenvolviendo su fútbol a través de una conexión constante con Parolo, Milinkovic-Savic e Immobile -los dos primeros como interiores y el tercero, por delante de todos ellos-. El español cumple con la pesquisa de dar forma a una especie de rombo que, sumado al empuje que ejercen los centrales desde la última línea, permite al equipo ensamblar una concatenación de pases elemental en pos de ir ganando metros, a la vez que se acota la maniobra del contrario. Sin detentar la vehemencia con la que Baldé o Anderson espolean con su velocidad a los espacios, Luis Alberto, siendo en su caso mejor conector que velocista, ha sabido reorientar la propuesta por su propia cuenta. Y de esta forma, sumando un cuarto centrocampista a la causa, donde todo parte desde Lucas Leiva como regista, la Lazio ha virado su modelo a un prisma que, por el momento y de acuerdo a los resultados, le hace salir reforzada en todos los aspectos que fundamentan su propuesta.

El español no solo dispone de la potestad para ofrecerse (sin balón) y encontrar el amparo (con él) de otro compañero en la parcela donde más efectivos acostumbra a acumular el rival, ya que el albedrío que le ha concedido Inzaghi le permite, incluso, caer indistintamente hacia ambos costados desde donde potenciar su otra gran faceta: su golpeo con el pie derecho. Siendo por izquierda más costoso, por aquello del recorte hacia adentro, pero a la vez más efectivo, a razón de que el esférico entre al área con un efecto más pronunciado, sobre la autonomía del medio reposan tres cuartas partes del caudal ofensivo que ostenta el colectivo. Y como botón, qué mejor argumento que el concluyente dato que explica, a estas alturas, que Luis Alberto es el futbolista que más pases buenos realiza en la parcela del oponente: hasta 224 de los 301 envíos buenos (un total del 74,4%; una media de 32 conexiones por encuentro) que ha completado en la actual edición de la Serie A se han producido en la mitad que defiende el rival. Luis Alberto, de esta manera, aglutina, medita y dictamina cada acción de ataque. 

Esa pausa que atesora en cada intervención responde, precisamente, a la inquina que mayor fiereza perpetra cada acción ofensiva. El español se desenvuelve como pez en el agua sobre el tercio superior del campo. En todas y cada una de las veces que recibe el esférico en esta parcela cumple con dos máximas al mismo tiempo: es el encargado de reagrupar al equipo alrededor suyo y, además, de buscar la solución más recurrente en función del escenario -normalmente bajo, de repliegue, con pocos espacios- que escenifique su contrario. No solo a la hora de poner el centro, entre el balón rodado y parado (acumula un par de asistencias), sino también para revelar la ventaja en virtud de su técnica (subyuga el registro de regates del equipo: 19), Luis Alberto, en algo menos de dos meses, se ha convertido junto con Immobile en el futbolista más determinante de cuantos dispone Simone Inzaghi. Interviene en torno a 75 veces en cada encuentro que disputa, el que más de todo el conjunto como no podía ser de otra forma. Y lo que todo esto viene a argumentar es el hecho por el que la Lazio ha confiado su ascenso primordial, la madurez del proyecto, a un talento que tanto tiempo quedó reprimido.

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